Las perspectivas de paz en el Sáhara Occidental

Stefan Simanowitz

Publicado originalmente en: Prospects for peace in Western Sahara, New Internationalist, 8/02/2012

Preferimos resolver la situación del Sáhara Occidental por medios pacíficos, dijo Mohamed Abdelaziz, secretario general del Frente Polisario, en una conferencia de prensa el sábado. Pero si el proceso de paz no tiene éxito, nuestro ejército está preparado.

Dijo esto una semana antes del inicio de la siguiente ronda de negociaciones patrocinada por la ONU, que tendrá lugar en Nueva York entre el 11 y el 13 de febrero. Sus sentimientos se hacen eco de los del Enviado Personal del Secretario General de la ONU para el Sáhara Occidental, Christopher Ross, quien recientemente advirtió de los riesgos cada vez mayores si las negociaciones fracasan. Además del peligro de una reanudación de las hostilidades militares después de un paréntesis de más de dos décadas, Ross también se refirió al posible aumento del descontento popular e incluso al posible reclutamiento de saharauis desempleados por parte de grupos terroristas o criminales. Subrayó que el fracaso de las negociaciones tendría efectos negativos no solo para las partes mismas, sino en toda la región del Magreb y en toda la comunidad internacional.

A pesar de la ausencia de progreso en las ocho rondas anteriores, Mohamed Abdelaziz expresó un cauto optimismo sobre las próximas reuniones. Con el nuevo gobierno [marroquí], esperamos que haya nuevos y positivos desarrollos y que los marroquíes vengan a las negociaciones con una nueva postura que sea compatible con el derecho internacional, dijo. Aunque es muy poco probable que los marroquíes hayan hecho el menor cambio en su postura sobre el plan de autonomía para el Sáhara Occidental, la formación del nuevo y moderado gobierno de coalición islamista, fruto de las elecciones de noviembre pasado, provocará algunos cambios en el equipo negociador marroquí. Es probable que este equipo esté dirigido por el nuevo ministro de Exteriores Saad Eddine El Othmani, un hombre que no ha ocultado sus deseos de lograr un Magreb unido.

Otra voz fresca que se ha pronunciado en favor de la unidad magrebí ha sido la del nuevo presidente de Túnez, Moncef Marzuki, quien el 8 de febrero inició una gira de seis días por Marruecos, Argelia y Mauritania. Marzuki esperar reactivar la Unión Magrebí Árabe, un acuerdo comercial firmado en 1989. La Unión Magrebí Árabe, que se constituyó siguiendo el modelo de la Unión Europea, ha estado ‘en el congelador’ desde 1994, debido en buena parte por el conflicto del Sáhara Occidental. Aunque el nuevo gobierno tunecino no ha dado señales sobre su postura en este tema, podría jugar un papel de intermediario en el conflicto.

Aunque no fuera así, la llegada de un nuevo gobierno democráticamente elegido, deseoso de encontrar una solución al conflicto, podría ser un útil catalizador. De hecho, Mohamed Abdelaziz tenía, sin duda, en mente la visita de Marzuki a Marruecos, cuando dijo: Los gobiernos que han emergido de la Primavera Árabe no deben escatimar esfuerzos para convencer a Marruecos de que respete los derechos del pueblo saharaui, como un preludio de la construcción de la unidad magrebí.

La Primavera Árabe está teniendo efectos, también, en la topografía política del conflicto del Sáhara Occidental. Tal vez sea demasiado pronto para valorar de qué manera va a afectar, pero ya ha ayudado a subrayar la importancia de permitir que se escuche la voz del pueblo, así como a exponer las hipocresías e inconsistencias de la política exterior de Occidente en la región. Rabat ha utilizado la Primavera Árabe para defender la importancia de Marruecos como baluarte de estabilidad en la región. Aunque el Frente Polisario ha argumentado enérgicamente que las tensiones regionales se reducirían si se les permitiera determinar su propio futuro, la diplomacia internacional tiende a no separarse de los socios que conocen, en lugar de intentar forjar nuevas alianzas con quienes no conocen.

Otro cambio reciente se ha producido en el Parlamento Europeo con su inesperada decisión, en diciembre pasado, de rechazar una extensión del acuerdo de pesca entre la UE y Marruecos. El acuerdo ha permitido que los barcos de la UE pesquen en aguas situadas a 1.100 kilómetros de la costa del Sáhara Occidental desde 2005, y su rechazo ha sido visto como una importante victoria de los activistas. Sin embargo, el 3 de febrero, los estados miembros de la UE acordaron autorizar al comisario europeo de pesca negociar un nuevo protocolo con Marruecos en nombre de la UE. Está aún por verse en qué consistirá ese nuevo acuerdo.

Mientras tanto, en el Sáhara Occidental ha habido un fuerte aumento de la represión. En declaraciones realizadas este domingo, en la XXXVII Conferencia de Coordinación Europea de Apoyo al Pueblo Saharaui (EUCOCO, por sus siglas en inglés), la destacada activista de derechos humanos Aminatu Haidar describió la situación como vivir en el infierno. El pueblo saharaui sigue estando privado de sus derechos más básicos, dijo. Pero desde la XXXVI Conferencia de EUCOCO se ha registrado un alarmante deterioro de la situación y un incremento de la represión y la violencia de las autoridades y la policía marroquíes. Según Haidar, este empeoramiento de la situación se inició en noviembre de 2010 y la destrucción del campamento de protesta de Gdeim Izik, en las afueras de El Aaiún. Veinticuatro activistas de derechos humanos arrestados después de Gdeim Izik siguen todavía encarcelados en condiciones deplorables en la prisión de Salé, esperando a ser juzgados por un tribunal militar, explicó.

Con la ciudad siria de Homs en llamas y los conflictos latentes en el mundo árabe, es poco probable que la opinión pública internacional desplace su atención hacia este conflicto olvidado en un rincón de África. No obstante, crecen los esfuerzos y la presión para resolver este conflicto, uno de los más largos en la historia del mundo.


Stefan Simanowitz asistió a la conferencia de EUCOCO de Sevilla, del 2 al 5 de febrero.

Traducción: Javier Villate