Las mentiras de la guerra de Libia, peores que las de Irak

Thomas C. Mountain

Publicado originalmente en: Libya War Lies Worse Than Iraq, Foreign Policy Journal, 23/07/2011

Las mentiras utilizadas para justificar la guerra de la OTAN contra Libia han superado a las que se crearon para justificar la invasión de Irak. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han tenido a honestos observadores sobre el terreno durante meses, siguiendo de cerca la rebelión en el este de Libia, y las dos organizaciones han repudiado todas las acusaciones importantes utilizadas para justificar la guerra de la OTAN contra Libia.

Según el observador de Amnistía Internacional, que habla correctamente árabe, no hay ni un solo caso confirmado de violación por parte de los leales a Gadafi, ni siquiera un médico que conociera un caso. Todas las historias sobre la Viagra y violaciones en masa eran inventos.

Amnistía Internacional no pudo verificar la existencia de un solo “mercenario africano” luchando a favor de Gadafi, ni las historias, propagadas por la televisión internacional por satélite, acerca de mercenarios africanos que violaban a las mujeres para sembrar el pánico entre la población del este de Libia y empujarla a abandonar sus casas. Todo fue un invento.

No se han confirmado las historias de helicópteros de combate que atacaban a la población civil ni de aviones de combate que bombardeaban a la gente. Esto invalida completamente toda justificación de la zona de exclusión aérea que la resolución del Consejo de Seguridad utilizó como excusa para que la OTAN lanzara sus ataques contra Libia.

Después de tres meses sobre el terreno en territorio controlado por los rebeldes, el investigador de Amnistía Internacional solo pudo confirmar 110 muertes en Bengasi, incluyendo partidarios de Gadafi.

¿Solo 110 muertes en Bengasi? Un momento, se nos dijo que habían muerto miles, decenas de miles, incluso. Pues no, solo 110 personas perdieron la vida, incluyendo a personas que apoyaban al gobierno.

Ni violaciones, ni mercenarios africanos, ni ataques aéreos y solo 110 muertos antes de que la OTAN lanzara su campaña de bombardeos. Mentiras y más mentiras.

En la actualidad, según la Media Luna Roja libia, más de 1.100 civiles han muerto en los bombardeos de la OTAN, incluyendo más de 400 mujeres y niños. Más de 6.000 civiles libios han resultado heridos por los bombardeos, muchos de ellos de gravedad.

Comparados con los de la guerra de Irak, estos números son insignificantes, pero las razones para la guerra de Libia no son mejores por ello.

Sadam Husein era malvado; invadió a sus vecinos en guerras que mataron hasta un millón de personas. Utilizó armas de destrucción masiva, como gas venenoso, contra sus vecinos y su propio pueblo, matando a decenas de miles. Fue brutal y corrupto, y cuando los tanques norteamericanos se desplegaron por Irak, la gente renunció a luchar por él, abandonaron las armas y se fueron a sus casas.

La Libia de Gadafi no ha invadido a sus vecinos. Gadafi nunca utilizó armas de destrucción masiva contra nadie, mucho menos contra su pueblo. En cuanto a la brutalidad de Gadafi, el ejército de la vecina Argelia combatió a la contrainsurgencia durante una década en los años 90, causando la muerte de unos 200.000 argelinos. Eso sí es brutalidad, pero nada parecido ha sucedido en Libia.

En Egipto y Túnez, títeres pro-occidentales como Mubarak y Ben Alí apenas tenían apoyo entre la población, y solo unos pocos lucharon y murieron para defenderlos.

La mayoría del pueblo libio se ha movilizado junto al gobierno y su “líder” Muamar Gadafi, como lo demostró la manifestación de más de un millón de personas en Trípoli el 1 de julio. Miles de jóvenes libios están en el frente combatiendo contra los rebeldes y, a pesar de los miles de ataques aéreos de la OTAN, los auténticos periodistas que están en el terreno en el oeste de Libia han informado que su moral se mantiene alta.

En Egipto, la explosión popular que dio origen a la conquista del poder por el ejército comenzó en los barrios más pobres de El Cairo y de otras ciudades, donde los precios de los alimentos básicos, como el pan, el azúcar y el aceite, se habían disparado vertiginosamente y provocado el surgimiento del hambre en áreas extensas. En muchos barrios pobres de Egipto, era más fácil encontrar gasolina y benceno que agua potable. La atención médica y la educación eran solo para aquellos que tenían dinero para pagarlas. La vida en Túnez no era mucho mejor.

Por el contrario, el pueblo libio tiene la mayor esperanza de vida del mundo árabe. El pueblo libio tiene el mejor sistema sanitario del mundo árabe, que además es gratuito. El pueblo libio tiene el mejor sistema educativo del mundo árabe, que también es gratuito. La mayoría de las familias libias son propietarias de sus casas y poseen, también, su propio automóvil. Libia está mucho mejor que sus vecinos, y todos los años decenas de miles de egipcios y tunecinos emigraban a Libia para ganarse la vida y alimentar a sus familias, haciendo los trabajos que los libios se negaban a hacer.

Cuando los observadores honestos examinan cómo ha sido posible que el nivel de vida de los libios haya mejorado a pesar de décadas de sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, tienen que reconocer que Gadafi se encuentra muy por encima de los reyes, jeques, emires y dictadores varios que gobiernan en el resto del mundo árabe.

Así las cosas, ¿por qué lanzó la OTAN esta guerra contra Libia?

En primer lugar, Gadafi estaba a punto de crear un nuevo sistema bancario en África que iba a echar del negocio al Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otros banqueros occidentales en el continente. Se acabaron los préstamos occidentales abusivos, utilizados para paralizar las economías africanas. En su lugar, un Banco de Inversiones Africano, creado con 29.000 millones de euros, se disponía a ofrecer importantes créditos con tasas de interés muy bajas o incluso sin intereses.

Libia ha financiado importantes proyectos de infraestructuras en todo África, lo cual ha permitido empezar a conectar las economías africanas y a romper la sempiterna dependencia de las importaciones de los países occidentales. Aquí, en Eritrea, la nueva carretera que conecta Eritrea y Sudán no es más que un pequeño ejemplo.

Lo que parece que inclinó finalmente la balanza a favor de una intervención militar directa occidental fue la demanda de Gadafi a las compañías petroleras norteamericanas, que habían sido actores importantes en la industria petrolera del país, para que pagaran a Libia decenas de miles de millones de dólares en concepto de compensación por los daños que habían causado a la economía libia las sanciones impuestas, a instancias de EEUU, por el Consejo de Seguridad de la ONU tras el “atentado de Lockerbie”, a lo largo de los años 90 y la primera década del siglo XXI. Esta petición se basó en la aparición de evidencias de que la CIA pagó millones de dólares a testigos en el juicio por el atentado de Lockerbie para que cambiaran sus confesiones e implicaran a Gadafi, lo cual fue utilizado como argumento para aprobar las sanciones de la ONU contra Libia. El gobierno de EEUU mintió y perjudicó a Libia, así que las compañías petroleras norteamericanas iban a tener que pagar compensaciones por los daños causados. No es muy difícil comprender por qué Gadafi tiene que irse, ¿verdad?

Añadamos el hecho de que Gadafi ha dicho claramente que ve el futuro desarrollo económico de Libia y de África vinculado más a China y Rusia que a Occidente. Era solo cuestión de tiempo que los planes de la CIA para derrocar a Gadafi pasaran a un primer plano.

La guerra de la OTAN contra Libia tiene mucho en común con la que libró esta organización en Kosovo contra Serbia. Pero sigue siendo difícil comparar a Gadafi con Sadam Husein o con el menor de los criminales de la dirigencia serbia. Las mentiras de la guerra de Libia son peores que las de Irak.


Thomas C. Mountain es un periodista independiente que vive en Eritrea desde 2006. Fue miembro de la primera Delegación de Paz de EEUU a Libia en 1987.

Traducción: Javier Villate