Tartaristán: una isla de convivencia pacífica entre etnias

¿Quién ha oído hablar de Tartaristán? Es una república de la actual Federación Rusa. En ella viven los tártaros (¿a que estos sí te suenan?), y también rusos. Para más información, visita la página de Wikipedia.

El artículo que me ha descubierto esta notoria república es “Friends and neighbours: religious harmony in Tatarstan?”. Resulta que en Tartaristán conviven en casi perfecta armonía rusos y tártaros, y lo vienen haciendo así desde tiempo inmemorial. Una rareza humana donde las haya.

El citado artículo, que he devorado con gran fruición, abre el apetito con la siguiente afirmación: «Hasta hace unos pocos años, la palabra “tolerancia” no existía en el vocabulario local. Creo que la mayoría de sus habitantes apenas tienen una vaga idea de lo que significa. En Kazán [la capital] no tendemos a hablar de la amistad entre las naciones o de esfuerzos conjuntos. Así es como vive aquí la gente, es su forma natural de conducirse y, lo que es más importante, de pensar. Y esto, creo yo, es muy importante». Quien así habla es el autor del artículo, Oleg Pavlov, periodista nacido en un antiguo asentamiento tártaro de Kazán, la capital.

El territorio fue anexionado por Rusia en octubre de 1552, cuando el zar Iván el Terrible conquistó Kazán. A partir de ese momento, los rusos comenzaron a poblar activamente la región. Los tártaros fueron expulsados de la parte central de Kazán y se concentraron en lo que será denominado antiguos y nuevos asentamientos tártaros, por entonces un pueblo nómada que se movía de unos pastos a otros con sus caballos. Rusos y tártaros han vivido juntos desde entonces, casi 500 años.

¿A qué se debe esta hermosa anomalía humana? Según Dania Tyamaeva, periodista tártara y autora de varios libros, la razón hay que buscarla en la geografía: la coexistencia pacífica se ha hecho fácil debido a la abundancia de espacio. La región era rica en bosques, agua y tierras de cultivo. La gente no tenía que competir entre sí para ganarse la vida, pues había recursos para todos. Además, las condiciones de vida de los rusos y los tártaros eran básicamente las mismas. El labrador tártaro veía que su vecino ruso tenía un nivel de vida que no era mejor que el suyo. Y este estado de cosas constituyó la base para la mutua empatía y la convivencia pacífica.

Por supuesto, hubo algunos momentos de tensión. Pocos y poco duraderos. Según Tyamaeva, el carácter nacional ruso y el tártaro también ha ayudado. La mentalidad tártara está totalmente desprovista de rasgos agresivos. Los tártaros prefieren retirarse o apartarse antes que entrar en una pelea.

En la actualidad, la República de Tartaristán está compuesta de un 45 por ciento de tártaros, otro 45 por ciento de rusos y un 10 por ciento de otras etnias. La convivencia pacífica y centenaria ha llevado a la existencia de un elevado número de matrimonios mixtos, lo cual, a su vez, también retroalimenta esa convivencia. Pero, curiosamente, los dos grupos étnicos mantienen sus tradiciones y cultura propias. Si os digo que, además de constituir dos grupos étnicos distintos, cada uno tiene una religión dominante distinta, tal vez creáis que os estoy contando un cuento de hadas. Pero los tártaros son mayoritariamente musulmanes y los rusos, cristianos ortodoxos. Y la religión no es algo secundario para ninguno de los dos grupos étnicos.

En el periodo soviético, los musulmanes sufrieron más que los cristianos. A pesar de ello, hay en la actualidad más de mil mezquitas y 272 iglesias en Tartaristán. Y también hay iglesias católicas, protestantes y sinagogas.

Sin embargo, Radik Mullagaliev, del Comité Ejecutivo del Congreso Tártaro Mundial, admite que hay algunos problemas: «Los intereses parroquiales han vuelto a emerger junto a los viejos valores, canalizados por misioneros y centros nacionalistas. No sería honesto negar que estas cosas existen en Tartaristán. Existen. Hay sectas religiosas extremistas y grupos nacionalistas chovinistas. Pero nada más. La mayoría de estos grupos subsisten gracias a la financiación procedente del extranjero. Una vez que esta financiación disminuye o desaparece, sus actividades disminuyen rápidamente. La población de la república ha vuelto básicamente a las creencias religiosas tradicionales».

Desde el siglo XIX, muchos musulmanes de Tartaristán han abrazado el jadidismo, un movimiento islámico que persigue la educación y la coexistencia pacífica con todas las naciones y todas las creencias. Ahora, la mayoría de los musulmanes de Tartaristán son jadidistas.

A comienzos de los 90, una oleada de nacionalismo se extendió por Tartaristán, al igual que lo hizo por muchas otras regiones de la antigua Unión Soviética. Pero eso no fue acompañado de pogromos. Los llamamientos de algunos líderes nacionalistas para acosar a los rusos sencillamente no fueron seguidos por la mayoría de la población. Después de los primeros accesos de fiebre nacionalista, las cosas se fueron tranquilizando y la paz y la tranquilidad volvieron a Tartaristán.

¿Podrán los civilizados habitantes de Tartaristán seguir manteniendo su modo de coexistencia pacífica estando, como están, rodeados de intolerancia y rivalidades y enfrentamientos interétnicos en otras regiones del Cáucaso? Esperemos que sí.