Las “soluciones” al conflicto israelo-palestino

19 septiembre 2010

Documento original en Lawrence of Cyberia: One State, Two State, Red State, Blue State


Palestina en 1946, según la partición de la ONU en 1947, después de la guerra de 1948 y antes de la guerra de 1967, y en 2005, respectivamente.

Creo que hay un cierto grado de utopía en la reacción positiva de algunos pro-palestinos defensores de un único estado a las recientes sugerencias de unos pocos derechistas israelíes. Estos han dicho que el conflicto entre israelíes y palestinos se resolverá mediante la concesión gradual de la ciudadanía a algunos palestinos de los Territorios Ocupados en el seno de un estado judío de Israel. La ilusión radica en el supuesto de que “nosotros” y “ellos” estamos hablando de un estado, por lo que, independientemente de las diferencias en los detalles, todos estamos leyendo, en cierta medida, la misma página.

No hay ninguna base para esa suposición. Lo que los aparentes “conversos” del Likud están diciendo cuando hablan de la solución de un estado es que no habrá estado palestino, sólo un estado judío más grande que abarcará Israel y Cisjordania. A algunos palestinos de Cisjordania se les concedería la ciudadanía en el estado judío, siempre y cuando acepten formalmente el dominio sionista y no esperen convertirse en una “amenaza demográfica” para la supremacía judía. Mientras tanto, la Franja de Gaza y sus habitantes pueden cumplir el deseo más querido de Isaac Rabin y hundirse en el mar.

Qué tiene que ver todo esto con la “solución de un estado” tal como se entiende tradicionalmente por sus defensores de izquierda laica? No mucho. La característica básica de su solución de un estado es la ciudadanía plena y la igualdad de derechos para todos los habitantes de Israel-Palestina, con independencia de su etnia y religión. Por el contrario, el plan de un solo estado del Likud se basa en la preservación del privilegio étnico-religioso actualmente existente, pero de una forma que atraería menos condenas extranjeras que la situación actual. En realidad, no se está proponiendo algo muy diferente de la situación que existe en la actualidad en Israel y en los Territorios Ocupados, con la excepción de Gaza. Se trata, efectivamente, de un estado en el que los beneficios de la democracia son racionados de acuerdo con el grado de judeidad de los ciudadanos. En la solución de un estado del Likud, la anexión de Cisjordania sería formalizada, en lugar de subrepticia, y algunos de los palestinos que actualmente no gozan de ningún derecho alcanzarían la ciudadanía de segunda clase que tienen ahora los palestinos dentro de las fronteras de 1967 de Israel. Todo eso no puede entenderse como un cambio precisamente revolucionario.

Por lo tanto, si el concepto que la derecha sionista está describiendo cuando utiliza el vocabulario de “un estado” no se parece nada a lo que imaginan los defensores pro-palestinos de un único estado; si está basado en una ideología subyacente a la que se oponen radicalmente, y si se concibe un resultado sobre el terreno que nunca jamás llegará a realizarse, ¿qué importa que el concepto esté envuelto en un vocabulario simpático? Todos podemos emplear las mismas palabras, pero no estamos hablando en absoluto de lo mismo.

Este es un fenómeno que ya hemos visto con la terminología de la “solución de dos estados”. A lo largo de los años del proceso de paz, nos han dicho que los palestinos y los israelíes apoyan de manera abrumadora una solución de dos estados, y que “todo el mundo sabe” cuáles serán los parámetros finales de la solución de dos estados. Y, sin embargo, 17 años después de la firma de los Acuerdos de Oslo, la solución de dos estados —que aparentemente todo el mundo apoya y sabe lo que puede esperar de ella— aún no existe. Una de las razones por las cuales la solución de dos estados no existe es que aquellos que dicen quererla ni siquiera entienden lo mismo por ella.

Lo que Israel quiere decir con la solución de dos estados es que se anexionará aquellas partes de Cisjordania que más codicia —la tierra cultivable del valle del Jordán, el acuífero de Cisjordania situado alrededor del bloque de asentamientos de Ariel, y los lugares santos/turísticos del Jerusalén Este—, pero renunciará a aquellas partes donde se concentran los habitantes no judíos, la “amenaza demográfica”. Estos enclaves palestinos carentes de recursos podrán recoger su propia basura, imprimir sus propios sellos y administrarse a sí mismos en la medida en que no hagan nada que Israel no apruebe, y esto será la parte palestina de la solución de dos estados*. Esta configuración es conocida como el Plan Allon de 1967, y dejando de lado una modificación importante (Allon concibió que los centros de población palestina caerían bajo dominio jordano, mientras que posteriormente los líderes israelíes calificaron a estos centros como estado autónomo palestino), ha sido el plan de todos los gobiernos israelíes, al menos desde el inicio del proceso de paz.

Huelga decir que esto no es en absoluto lo que la OLP entiende por la solución de dos estados. Lo que la OLP quiere es que Israel exista en el 78 por ciento de la Palestina histórica, básicamente en sus fronteras de 1967, junto a un estado palestino independiente que existiría en el 22 por ciento restante, que actualmente constituye los Territorios Palestinos Ocupados. Palestina controlaría sus propias fronteras y su espacio aéreo, gobernaría sus propios asuntos internos y gestionaría sus propias relaciones exteriores. En otras palabras, los palestinos serían ciudadanos de un estado que sería soberano e independiente en la misma medida que Israel es soberano e independiente, y sus ciudadanos disfrutarían de los derechos individuales y nacionales que no serían inferiores a los de los ciudadanos israelíes.

Así que cuando los palestinos hablan de una solución de dos estados, están hablando de dos estados soberanos comparables, donde la ciudadanía en Palestina sería un valor no inferior a la ciudadanía en Israel. Pero Israel está hablando de dar un grado de autonomía a aquellas partes de los Territorios Ocupados que no son ambicionadas por el “Estado judío” debido a su densidad demográfica palestina. Esa es una diferencia fundamental, que va directamente al corazón de lo que entendemos por una solución de dos estados. ¿Cuál es el propósito de la solución de dos estados? ¿Posibilitar la autodeterminación de dos pueblos en dos estados, o adulterar esa fórmula de manera que permita a Israel deshacerse de la responsabilidad de las personas de los Territorios Ocupados sin dejar de mantener el control sobre sus tierras? Si no pueden ponerse de acuerdo sobre cuál es el contenido de la solución de dos estados, entonces es poco probable que pueda ponerse en práctica, no importa que uno jure que la desea. He aquí el absurdo y eterno proceso de paz de los últimos 19 años.

La idea de que estamos avanzando ahora hacia una solución de un estado, sólo porque alguien en el Likud deja de apoyar de boquilla la solución de dos estados y habla, en su lugar, de un solo estado, me parece absurda.

La “solución de un estado” y la “solución de dos estados” no son en sí mismas soluciones de nada, son sólo palabras. Son palabras que describen los marcos políticos en los que israelíes y palestinos podrían convivir cuando, por fin, el conflicto entre el sionismo y la población pre-existente se haya estabilizado hasta el punto que todo el mundo viva con un grado aceptable de normalidad. Pero el conflicto en sí no trata de ese marco político. La gente no está matando y muriendo, expulsando y despojando, porque esté realmente muy unida a una configuración política contra otra. El conflicto israelo-palestino no trata de un enfrentamiento entre una opción de un estado contra otra de dos estados. Consiste en determinar si, en una tierra donde viven muchos tipos diferentes de personas, sólo una “clase” de personas debe tener todos los beneficios de un estado democrático moderno que le pertenecería en exclusiva. El conflicto trata de los privilegios institucionales sectarios que permiten que un grupo étnico-religioso tenga el derecho exclusivo a la “autodeterminación”, mientras esto es establecido y mantenido a expensas del derecho de todos los demás a la igualdad.

Si el conflicto israelo-palestino es un conflicto que enfrenta los privilegios sectarios y la igualdad de derechos, entonces la solución se encuentra en el establecimiento de derechos nacionales y civiles de la misma calidad para todos los que viven allí. Que eso se haga en un estado o dos no es tan importante como el que se acepte la premisa subyacente, a saber, que los seres humanos tienen los mismos derechos, al margen de su filiación étnico-religiosa. Así que el requisito previo para la solución del conflicto no es que todos deben aceptar la solución de un estado en lugar de la solución de dos estados, o viceversa. El prerrequisito es que debe haber una aceptación común de que todos en Israel-Palestina tienen derecho a la ciudadanía igual y plena. Teóricamente, podría establecerse una igual ciudadanía en un solo estado de Israel-Palestina, donde la población sería aproximadamente mitad judía y mitad no judía, y todo el mundo disfrutaría de igual ciudadanía porque esta estaría vinculada a la nacionalidad Israstiniana, no a la religión. O, también teóricamente, podría realizarse la igual ciudadanía mediante el establecimiento de dos estados: Palestina, donde la población sería mayoritariamente musulmana, pero donde las minorías cristianas y judías disfrutarían de igual ciudadanía porque esta estaría vinculada a la nacionalidad palestina, no a la religión; e Israel, donde la población sería mayoritariamente judía, pero las minorías musulmana y cristiana disfrutarían de una igual ciudadanía porque esta estaría vinculada a la nacionalidad israelí, no a la religión.

En el contexto de más de 60 años de régimen sionista, establecer el principio de que la ciudadanía igual para todos es una forma más normal y deseable de dirigir un país que la basada en privilegios sectarios mantenidos a través de la violencia, es la parte más complicada de la ecuación. En comparación con el tamaño del salto conceptual que el sionismo tendría que hacer para abrazar el principio de ciudadanía igual para todos, independientemente de su filiación étnico-religiosa, decidir si esa ciudadanía igual y plena se expresa mejor en un estado o en dos es pecata minuta.

Es por eso que me parece prematuro que los pro-palestinos den la bienvenida a la aparente adhesión de la derecha sionista a una solución de un estado. En primer lugar, dejemos que el Likud aclare cuál es su posición sobre la cuestión de iguales derechos para los palestinos. Una solución de un estado en el que el requisito previo para la ciudadanía sea aceptar la supremacía judía, y donde el derecho a la ciudadanía sea denegado a una parte importante de la población, simplemente porque representaría una “amenaza demográfica” para esa supremacía, no tiene nada que ver con la solución de un estado tal como se entiende normalmente. Se trata simplemente de un proyecto para el mantenimiento de la supremacía étnica en una configuración de un solo estado, de la misma forma que el Plan Allon, en las versiones de Netanyahu, Barak, Sharon y Olmert, son simplemente modelos para la supremacía étnica en una configuración de dos estados. Los sionistas de derecha que proponen una solución de un estado como un medio para perpetuar los privilegios judíos tienen más en común con los sionistas “liberales” y su solución de estado-y-medio que con aquellos que creen en un único estado democrático. Comparten el mismo supuesto básico, a saber, que el problema que debe resolverse por las soluciones de uno o dos estados no es el de poner fin a un privilegio étnico-religioso, sino el de proporcionarle un nuevo envoltorio, de modo que sus efectos desestabilizadores sean más manejables y más aceptables en un clima internacional que ya no tan amistoso con el pensamiento colonial y las leyes de apartheid.

Si tanto la supremacía étnica como la igual ciudadanía pueden tomar, teóricamente, la forma de solución de un estado o de dos estados, entonces, la pregunta más útil no es “¿apoya usted un estado o dos?”, sino “¿apoya usted la igualdad de derechos para los musulmanes, judíos y cristianos?”. Así que, cuando miembros del Likud israelí dicen que, de repente, están interesados en una solución de un estado, lo primero que tienen que especificar es si tienen previsto un único estado que ofrecerá una igual ciudadanía para todos sus habitantes, o un solo estado cuyos habitantes disfrutarán de diferentes grados de ciudadanía en función de su filiación étnico-religiosa. Por desgracia, creo que es obvio que Moshe Arens, Reuven Rivlin y compañía no responden a esta cuestión. Mientras los likudnik que proponen un único estado no se atrevan a hablar de un estado con igual ciudadanía para todos sus ciudadanos, entonces su aparentemente innovador discurso sobre una solución de un estado no será más que un nuevo vestido de supremacismo judío para la misma y cansada mona sionista. 


* La defectuosa “soberanía” ideada para los palestinos significa que este enfoque de solución de dos estados es a veces denominado “solución de estado-y-medio”.

Traducción: Javier Villate