¿Qué es realmente Al Fatah? (1ª parte)

Muchos saben que Al Fatah es el grupo palestino que lideraba Yasir Arafat y que, antiguamente realizaba actos terroristas. Tal vez sepan que es el grupo más influyente en las instituciones de gobierno palestinas (la Organización para la Liberación de Palestina, OLP; el Consejo Legislativo Nacional, etc.) y que el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abas y el primer ministro, Salam Fayad, también son de Al Fatah. Y algunos más considerarán que es un partido moderado, que ha reconocido a Israel, condena el terrorismo y sus aspiraciones son razonables.

Aunque algunas de esas ideas deberían ser matizadas, me interesa aquí subrayar otros aspectos más desconocidos de Al Fatah, siendo los principales su sumisión a Estados Unidos y su colaboración con Israel en asuntos “antiterroristas”.

División interna

Poco después de la muerte de Yasir Arafat el 11 de noviembre de 2004, uno de los líderes más veteranos y carismáticos de Al Fatah hizo unas declaraciones que cayeron como una bomba. Faruk Kadumi acusó al presidente de la AP Mahmud Abas y al máximo jefe de seguridad del partido, Mohamed Dahlan, de colaborar con Israel y la CIA para asesinar a Arafat. Según Kadumi, antes de morir, Arafat le entregó unas actas de una reunión secreta que tuvo lugar entre el entonces primer ministro israelí Ariel Sharon, el presidente palestino Mahmud Abas, Mohamed Dahlan, varios agentes de la CIA y el subsecretario de Estado norteamericano William Burns. Las actas, siempre según Kadumi, mostraban, más allá de toda duda, que los dos dirigentes palestinos estaban implicados en planes para asesinar a Arafat y a varios dirigentes de Hamas, entre ellos Abdelaziz Rantisi e Ismail Haniyeh.

Kadumi es uno de los máximos representantes del ala radical de Fatah y en su momento se opuso a los Acuerdos de Oslo de 1993. Una buena pregunta es por qué esperó Kadumi a hacer estas explosivas declaraciones a julio de 2009…

Arafat había conseguido conciliar con su carisma las aspiraciones más radicales y las más moderadas de Fatah. Entre los radicales se encontraba Kadumi, y entre los moderados, Abas. Este último se ha mostrado dispuesto, muy dispuesto, a llegar a un acuerdo con Israel, sacrificando para ello algunas de las reivindicaciones más arraigadas en la lucha palestina: el derecho de retorno de los refugiados y la integridad de Jerusalén Este como capital del futuro estado palestino. La lucha interna en Fatah se puso de manifiesto en los preparativos del Sexto Congreso del partido y giró en torno a su celebración o no en los territorios ocupados, en particular en Belén. Es evidente que los moderados de Abas querían reunir ese Congreso en Belén para dar un mensaje de normalidad y de disposición al acuerdo con Israel. Kadumi y otros se opusieron a esta maniobra, que supondría, entre otras cosas, que Israel daría el visto bueno a los participantes en el congreso, como así fue, dificultando la participación de delegados del ala radical. Además, los preparativos del congreso estuvieron marcados por todo tipo de maniobras con vistas a lograr una mayor representación en el mismo, sobre todo por parte de la facción de Abas.

Finalmente, Abas se salió con la suya y el congreso se celebró en Belén en agosto de 2009, bajo la atenta mirada de los tanques israelíes. Si Fatah llevaba veinte años sin realizar ningún congreso, se podía haber ahorrado este también, porque no surgió nada nuevo bajo el sol y no ayudó a conciliar las diferencias. Después, como antes, del congreso, Fatah siguió siendo una organización dividida. Se rechazó “todo tipo de terrorismo”, se insistió en que Israel debe detener la construcción de más colonias en suelo palestino y que esto era una condición para sentarse a negociar (pero Abas está negociando ahora, mientras escribo estas líneas, aunque Israel no ha detenido su programa de construcción de nuevas viviendas y asentamientos judíos). Se hicieron referencias al derecho de retorno de los refugiados de una vaguedad sospechosa, dejando entrever que, en el marco de un acuerdo con Israel para la creación de un estado palestino, los refugiados solo retornarían a este y no a sus hogares situados actualmente en Israel y de los que fueron expulsados o forzados a huir en 1948.

Lo único que interesa a los moderados de Fatah es la creación de un estado palestino, aunque su soberanía esté seriamente subordinada a los intereses de Israel (en fronteras, territorios, recursos, seguridad, etc.), aunque su territorio esté reducido y troceado en decenas de islas, aunque sus fuerzas de seguridad estén sometidas a las de Israel, aunque carezca de soberanía sobre sus recursos acuáticos, sus aguas costeras y su cielo, aunque sus fronteras las vigilen los israelíes, aunque los refugiados y sus derechos individuales legalmente reconocidos sean marginados y olvidados… Lo que el congreso no hizo fue un balance de lustros de “negociaciones” —si es que se les puede llamar así—, desde los Acuerdos de Oslo hasta nuestros días. Si lo hubiera hecho, sería desalentador. Desde que se firmaron esos acuerdos trampa en 1993, el número de colonos judíos asentados en Cisjordania ha pasado de 30.000 a más de 300.000. Si entonces había tres mil presos palestinos, hoy hay más de once mil. El muro del apartheid se ha seguido construyendo. Se han producido masacres sin cuento (Yenín, Nablús, Gaza…) por parte de las fuerzas de ocupación. El territorio palestino ocupado está cada vez más fragmentado, configurado por bantustanes o islas mal comunicadas entre sí, separadas por colonias y tierras israelíes, controles, muros y carreteras “solo para judíos”. Está más que demostrado: Israel no quiere la paz. Y muchos israelíes ni siquiera quieren un estado palestino discapacitado, como es el caso del actual gobierno. La vía de la “negociación” ha sido siempre una trampa en la que solo han creído Estados Unidos, la Unión Europea y los dirigentes palestinos, pero no Israel.

Y esto es lo que piensan, también, muchos palestinos, tal vez la mayoría, que han dado crecientemente la espalda a Fatah y a la Autoridad Palestina. Ya no se sienten representados por ellos. A la generalizada corrupción de sus dirigentes (por cierto, el gobierno de la AP tiene ¡24 ministros!) se le ha unido la indecente colaboración con los servicios de seguridad de Israel y con Estados Unidos, así como la represión de Hamas y de toda disidencia en los territorios que controlan. Desde mediados de 2007, han sido detenidos por las fuerzas de seguridad palestinas hasta 10.000 activistas islámicos en Cisjordania, habiendo sido sometidos muchos de ellos a graves torturas que han puesto en peligro sus vidas. Al menos once personas, incluidos dirigentes religiosos, profesores y otros profesionales, han muerto por las torturas infligidas por los interrogadores de la Autoridad Palestina.