Refugiados palestinos: El terrible caso del campo de Yarmuk

Rana Abdulla

Fuente: Palestinian Refugees: The Terrifying Case of Yarmouk, Palestine Chronicle, 22/01/2014

De todas las carencias que existen en el mundo moderno, hay algunas, como la falta de electricidad y gas para calentarse o cocinar, que, aunque consideremos básica su provisión, no son necesariamente un requisito para tener una vida, aunque sea de poca calidad. Pero todos estaríamos de acuerdo que no puede soportarse de ninguna forma una vida que carezca de agua, alimentos y condiciones sanitarias. Pues bien, esta es la vida que tienen muchos palestinos en el campo de refugiados de Yarmuk.

La deshidratación, las enfermedades y la miseria son realidades cotidianas de un pueblo del que el mundo se ha olvidado o del que apenas se preocupa. Ver morir de hambre a un niño o niña, cualquier niño, mucho menos una hija/o, es algo que nadie debería tener que soportar y, sin embargo, esto es lo que sucede todos los días en el campo de refugiados de Yarmuk.

La gente del campo de Yarmuk, en Siria, se ve obligada a consumir hierbas, hojas vegetales, alimentos animales y, literalmente, cualquier cosa que puedan encontrar para saciar su sed y calmar su hambre, sin tener en cuenta su conveniencia para el consumo humano. Es difícil encontrar las palabras para describir adecuadamente la miseria de los refugiados palestinos del campo de Yarmuk, donde llevan más de seis meses de asedio por parte de las implacables fuerzas del régimen sirio. Resulta difícil entender por qué el mundo ha dado la espalda a estos hermanos y hermanas que se ven obligados a vivir en condiciones tan lamentables. A pesar del conflicto, que no es causado ni deseado por sus residentes, ha habido muchas oportunidades para que la comunidad internacional envíe ayuda humanitaria a Yarmuk. Pero nada se ha hecho. ¿Por qué está tratando el mundo, incluido el mundo árabe, con semejante indiferencia a los refugiados de Yarmuk?

La situación más extendida de los palestinos en Siria debería ser desgarradora para todo ser humano que tuviera conocimiento de la misma. Si los terribles peligros de una zona de guerra no fueran suficientes para los refugiados palestinos, la aparición adicional del hambre y las enfermedades en el campo son una vergonzosa bofetada añadida en el rostro del denominado mundo civilizado. Sin duda alguna, Yarmuk y otros casos similares están pagando el precio más alto por la guerra siria. Ha habido varias informaciones sobre refugiados palestinos del campo de Yarmuk que están muriendo de hambre. Entre ellos hay niños y bebés de solo unos meses. Las imágenes de la televisión que muestran a mujeres y niños de Yarmuk muertos de hambre son insoportables para las personas normales. Sin embargo, el mundo y, en especial, el mundo árabe parece indiferente ante la terrible situación en que se encuentran estos palestinos inocentes, atrapados en un conflicto que ellos no crearon.

Las últimas informaciones, proporcionadas por activistas que se encuentran en el terreno, hablan de al menos 40 personas muertas por inanición en lo que va de año. La cuenta se incrementa día tras día. Situado al sur de Damasco, el campo de refugiados de Yarmuk albergaba inicialmente a unos 250.000 palestinos, de los cuales 150.000 estaban registrados oficialmente por el gobierno sirio. Sin embargo, después de tres años de una sangrienta y brutal guerra civil, Yarmuk ha quedado reducido a escombros y solo permanecen allí alrededor de 18.000 refugiados. Se cree que el resto ha conseguido escapar, sobre todo a Jordania y Líbano. Una información de la BBC decía que las puertas del campo de Yarmuk han sido cerradas al tráfico desde julio. Desde entonces, no ha entrado en el campo ninguna ayuda humanitaria.

Además de los 1.500 palestinos que han muerto en el conflicto, otros muchos han resultado heridos y la situación podría empeorar aún más. Uno solo puede preguntarse cuándo terminará el sufrimiento de estos desdichados palestinos. Por si no fuera suficiente ser refugiado una vez, buscar un refugio huyendo de otro refugio, a donde llegaron huyendo de otro más, es algo que está más allá del infortunio más extremo. Un gran número de refugiados ha huido de áreas cercanas de Siria, mientras que la gran mayoría ha sido desplazada dentro del país. La migración es, en sí misma, un acta irrecusable de acusación de regiones con problemas, pero también son culpables de este desastre los países árabes prósperos que están sumidos en una asombrosa indiferencia.

El campo de refugiados de Yarmuk está hoy en el corazón de la tragedia palestina, aunque esté localizado en Siria. Es un compendio de la situación palestina. Una de las razones de este hecho reside en que el campo ha sido utilizado por los rebeldes sirios como un punto de contacto con el mundo exterior durante los seis últimos meses. Esto se debe, en parte, al hecho de que el campo de refugiados es visto como un lugar casi autónomo con respecto al gobierno de Damasco, ofreciendo a los rebeldes una base libre del control de las fuerzas del régimen.

Sin embargo, al margen del conflicto actual, el sirio es uno de los pocos gobiernos de la región que ofrece algún tipo de refugio a los palestinos. No obstante, incluso en Siria, miles de refugiados han sido víctimas de las maniobras políticas y los conflictos sectarios que tienden a estallar de vez en cuando en la región. Dicho esto, el conflicto actual es seguramente el peor al que se ha visto enfrentado el campo de Yarmuk. En diciembre de 2012, el campo fue tomado por el Ejército Sirio Libre, tras lo cual se produjeron intensos combates. El campo fue bombardeado desde el aire por las fuerzas del gobierno, matando a docenas de personas, mientras miles de refugiados huyeron para salvar sus vidas.

Aunque las señales de peligro para los refugiados palestinos eran muy evidentes, pasó algún tiempo antes de que los líderes palestinos decidieran negociar un estatus especial para el campo de Yarmuk, con la esperanza de mantenerlo fuera del conflicto. Unos y otros estuvieron de acuerdo en que los refugiados no debían ser utilizados como carne de cañón, pero todos los intentos de llegar a un acuerdo fracasaron.

El fracaso no es atribuible solo a los líderes palestinos y al gobierno sirio. La comunidad internacional en su conjunto ha fracasado en reconocer la gravedad de la situación y todo lo acaecido es realmente vergonzoso. La comunidad internacional se ha preocupado, con razón, por el posible uso de armas químicas por parte de Asad, pero las muertes violentas y por inanición de refugiados palestinos parece ser algo demasiado lejano o insignificante para que se tomen medidas positivas. Ni siquiera ha habido una resolución de la ONU sobre Yarmuk. Uno tiene que preguntarse por el respeto que merecen las vidas de los refugiados palestinos en la alta política mundial.

Mientras tanto, el gobierno palestino sigue participando en unas conversaciones de paz en las que es muy difícil tener alguna esperanza de éxito. En los campos de refugiados, los palestinos se mueren de hambre y sus problemas no son una prioridad.

En la actualidad, los refugiados palestinos no tienen ninguna representación política, ningún estatus legal, ningún apoyo internacional y ningún verdadero liderazgo dedicado a resolver sus problemas más apremiantes. Los refugiados palestinos fueron desposeídos inicialmente por Israel en 1948 y, desde entonces, han estado sufriendo por igual en los países árabes de acogida. Estos países han demostrado ser muy poco hospitalarios y acogedores para los refugiados palestinos.

Los países y los ejércitos árabes han perpetrado, en el pasado, masacres contra el pueblo palestino. Aunque muchas personas árabes han expresado su solidaridad con los palestinos, sus actos han sugerido a menudo lo contrario. Nada se ha hecho, en términos políticos o prácticos, mientras la población de Yarmuk ha disminuido desde las 250.000 personas a las actuales 18.0000, temerosas, hambrientas y tiritando de frío, dolor y hambre. Un periodista libanés ha tenido la franqueza de poner en palabras lo que ciertos líderes piensan pero no se atreven a decir: “toda la situación es responsabilidad de los propios palestinos”.

Independientemente de la brutal indiferencia del mundo, las semillas de todo lo que hoy está sucediendo pueden encontrarse en la declaración Balfour de hace tantos años. La responsabilidad debería ser compartida no solo por los israelíes y su ocupación ilegal, sino por toda la comunidad internacional.


Rana Abdulla es una escritora y activista palestina canadiense, natural de Balá, pueblo cercano a Tulkarem. Defensora de los derechos de los refugiados, su trabajo ha sido destacado por los medios de comunicación canadienses.

Traducción: Javier Villate

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