Gerry Hassan

Publicado originalmente en: Free Scotland, Foreign Policy, 16/02/2012

Las ambiciones nacionalistas de los escoceses no han recibido, generalmente, la atención internacional, pero las últimas semanas han sido especiales en la lucha de largo recorrido por la independencia de Escocia. El 25 de enero, Alex Salmond, primer ministro de Escocia, y su gobierno del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) anunciaron planes para convocar un referéndum histórico sobre la independencia en el otoño de 2014, atrayendo la cobertura, comentarios y curiosidad de los medios del mundo entero.

La pregunta propuesta por el gobierno del SNP para dicho referéndum es: ‘¿Está usted de acuerdo con que Escocia debe ser un país independiente?’. El SNP está considerando si hacer una segunda pregunta, aún sin definir, sobre un paso intermedio de devolución de poderes al gobierno escocés, lo cual no sería una completa independencia. Esta idea, conocida como ‘devo max’, tiene el apoyo de una parte importante de la opinión pública, aunque este apoyo no se puede medir, ya que no ha surgido ninguna propuesta seriamente detallada.

Londres no ha respondido adecuadamente a este desarrollo. En un discurso pronunciado el 16 de febrero, el primer ministro británico David Cameron se comprometió a luchar con todo lo que tengo para mantener unido a nuestro Reino Unido. Y añadió: Para mí, esto no es una cuestión de política, estrategia o cálculo; afecta a la cabeza, el corazón y el alma. Nuestro hogar compartido está amenazado y todos los que están preocupados por ello tienen que pronunciarse. Al final, Cameron podría descubrir que este tipo de retórica no hará otra cosa que acelerar la desaparición de la unión que se ha comprometido a proteger.

Muchos se preguntan por qué ha surgido esta inquietud en Escocia. Después de todo, la unión ha sido bastante tranquila por lo menos desde el siglo XVII. Pero hay, ciertamente, razones para defender la independencia de Escocia, razones que se han vuelto más convincentes en el contexto de los últimos problemas económicos de Europa y Gran Bretaña.

Escocia es un lugar diferente del resto del Reino Unido y cada vez está más claro que no existe una política británica unitaria, sino una política escocesa, galesa, norirlandesa e inglesa, con parlamentos y asambleas autónomos en los tres primeros casos.

La unión de Escocia e Inglaterra creó el Reino Unido en 1707, pero Escocia se ha hecho progresivamente más independiente durante el siglo pasado. Primero se creó en 1885 la Oficina Escocesa, un departamento del gobierno del Reino Unido cuyo objetivo era supervisar el estado en expansión, seguido por el ‘secretario de estado para Escocia’, que se convirtió en un puesto del gabinete en 1926. Luego, en 1999, se estableció el parlamento escocés, con competencias para controlar la mayor parte de los servicios públicos de Escocia.

El SNP se creó en 1934 y en sus primeros días defendió el pleno autogobierno. Después fue creciendo como una fuera política seria desde mediados de los años 60 en adelante. En los 80, el SNP —que se define como un partido de centro-izquierda— fue una parte vital de la coalición anti-tory contra la primera ministra Margaret Thatcher. Pero el SNP es también una gran tienda de campaña que refleja el espectro de la sociedad escocesa, con una mayoría en el parlamento escocés y seis escaños en la Cámara de los Comunes.

Los treinta últimos años han visto un largo y lento declive en la identificación y la confianza de los votantes escoceses en el estado británico. En 2009, la Encuesta sobre Actitudes Sociales Escocesas encontró que el 61 por ciento de los escoceses confiaba en el gobierno escocés para defender los intereses de Escocia, contra un 25 por ciento que confiaba en el gobierno británico. Las intervenciones y políticas de Westminster —incluyendo las políticas macroeconómica, de bienestar, de defensa y asuntos exteriores— son vistas cada vez más como problemáticas, e incluso provocadoras, por muchos votantes escoceses. Y la mayoría de la opinión pública apunta crecientemente hacia un deseo de un espacio político escocés más autónomo y distintivo, en el que el parlamento escocés decida sobre la mayoría de los asuntos domésticos, dejando la defensa y la política exterior en manos de Londres.

La política escocesa estuvo definida una vez por un poderoso movimiento obrero colectivista y de tendencia socialista y una cultura nacional centrada en las industrias tradicionales y en la solidaridad con el resto del Reino Unido. Pero esta tradición entró en crisis en las últimas décadas, debilitada por la caída del imperio británico, el declive de la religión y los ataques de Thatcher contra los sindicatos escoceses.

Escocia e Inglaterra han evolucionado en diferentes direcciones en las tres últimas décadas. Con Thatcher, Tony Blair y ahora Cameron, los servicios públicos ingleses se han comercializado cada vez más y están siendo influenciados paulatinamente por las corporaciones privadas. Los servicios públicos escoceses se han desarrollado en una dirección muy diferente, promoviendo la equidad y la responsabilidad. Por ejemplo, los servicios de salud escocés e inglés son ahora entidades muy diferentes. El primero está organizado como un servicio nacional, con objetivos establecidos por el gobierno, mientras que el sistema inglés está más fragmentado, siendo gestionado por compañías privadas que obtienen beneficios.

Además, los gobiernos británicos no han comprendido acertadamente lo que está sucediendo en Escocia a medida que los vínculos de la unión se han ido debilitando. Con Thatcher, los escoceses se sintieron discriminados debido a una serie de políticas, como la implementación de un controvertido poll tax en 1989. [Se trata de un impuesto que obliga a los ciudadanos a contribuir por igual, independientemente del nivel de ingresos y de la zona en que residan, N. del T.] Blair menospreció las aspiraciones nacionales escocesas, calificando a la posibilidad de un gobierno escocés controlado por el SNP como una pesadilla constitucional e instando al Partido Laborista a luchar contra él.

El gobierno de coalición de Cameron tiene unas pocas voces tories escocesas que le aconsejan sobre el tema, pero solo un parlamentario conservador y 11 liberales demócratas escoceses. En los últimos meses, el gobierno ha exhibido una mezcla de arrogancia, ignorancia, nerviosismo y olvido sobre la cuestión escocesa. Cameron calificó la perspectiva de una Escocia independiente como desesperadamente triste y dijo que el pueblo escocés no quiere, en su corazón, una total separación, a pesar de recientes encuestas que sugieren que esto podría no ser ya el caso.

A pesar del creciente sentimiento nacionalista, los escoceses nacionalistas tienen todavía que convencer a los votantes de que una Escocia independiente podría ser viable (una tarea que fue especialmente complicada en 2008, cuando dos destacados bancos escoceses, el Royal Bank de Escocia y Halifax Bank de Escocia, tuvieron que ser rescatados por el gobierno británico). Podría decirse que las crisis de estos bancos fueron debidas a la escasa regulación británica y a la explosión de la montaña de deuda británica. En todo caso, los bancos no eran suficientemente escoceses.

¿Qué tipo de moneda utilizaría una Escocia independiente? Según la mayoría de las actuales propuestas, Escocia seguiría estando en una unión monetaria con el resto del Reino Unido. Es decir, los escoceses seguirían gastando libras esterlinas. El SNP puede apuntar también al ejemplo de Irlanda independiente, que mantuvo su moneda vinculada con la libra esterlina durante casi 60 años.

Pero la cuestión no debería ser cómo podría sobrevivir una Escocia independiente, sino cómo podemos continuar bajo el esquema actual. Una Escocia independiente sería el sexto país más rico del mundo per cápita, dice el SNP. En la actualidad, es la tercera región más rica del Reino Unido, después de Londres y el sureste. Pero al mismo tiempo, uno de cada cinco niños escoceses vive en la pobreza. La esperanza de vida en las zonas más deprimidas de Escocia (Glasgow y el oeste) es la peor de Europa Occidental, según una detallada investigación del Glasgow Center for Population Health.

Una Escocia independiente podría ser un petroestado muy rico. Unos 250.000 millones de libras [unos 295.800 millones de euros, N. del T.], fruto del petróleo del Mar del Norte, han volado directamente desde las aguas del noreste de Escocia a las arcas del Tesoro de Londres desde su descubrimiento. Aunque el pico de producción ya ha pasado, dicen los expertos, los yacimientos del Mar del Norte podrían bombear crudo durante varias décadas. Imagínese lo que podrían hacer los escoceses con estos recursos en un estado soberano (este es el tipo de pensamiento a largo plazo que ha hecho de una Noruega rica en petróleo el país más desarrollado del mundo).

Pero, ¿qué pasa, entonces, con Gran Bretaña? Un Reino Unido sin Escocia podría necesitar un nuevo nombre, pues Reino Unido ha sido históricamente el nombre de la unión de las coronas de Escocia e Inglaterra. Pero la separación podría ser una ruptura menos dramática que la evolución gradual hacia una nueva comprensión del estado británico. En una reciente conferencia en Londres, Salmond, el primer ministro escocés, presentó una visión muy pragmática y flexible del Reino Unido, describiendo al país como un conjunto pluralista y diverso de sistemas políticos. Un arreglo más flexible daría cabida a las aspiraciones escocesas —desarrollando políticas de bienestar y del mercado de trabajo diferentes— al tiempo que permitiría una cooperación panbritánica y, quizás, algún tipo de unión política.

Eso podría ser aceptable para todos salvo para los nacionalistas escoceses más tradicionales. El SNP y la mayoría de sus miembros se sienten cómodos con el hecho de que, en la era de la globalización, el estatus de naciones-estado autónomas no necesita ser rígidamente definido. Aunque el objetivo de los separatistas sigue siendo, en última instancia, la plena independencia, el partido está cómodo con la emergencia gradual de un estado escocés diferenciado, una estatalidad y un autogobierno en el marco del Reino Unido existente.

Cómo resulte todo esto dependerá, en buena parte, de la sabiduría del gobierno británico. ¿Podrán los políticos de Londres responder al enfoque crecientemente pragmático y flexible de los nacionalistas escoceses? Si pueden hacerlo, es probable que las aspiraciones escocesas puedan ser acomodadas en una unión mucho más flexible que no sería la independencia convencional.

Ahora bien, si siguen actuando como lo han hecho en los últimos meses, exhibiendo toda la afamada arrogancia de los gobiernos británicos a lo largo de la historia cuando han tenido que hacer frente a revueltas turbulentas, entonces crecerán las probabilidades de una ruptura de Gran Bretaña y la emergencia de una Escocia independiente.


Gerry Hassan es un analista político escocés y autor de varios libros, entre ellos The Modern SNP: From Protest to Power y The Strange Death of Labour Scotland (en prensa).

Traducción: Javier Villate