Kathambi Kinoti

Publicado originalmente en: Land grabs: the threat to African women’s livelihoods, openDemocracy, 10/02/2012

En la última década, las compañías extranjeras o los gobiernos han adquirido 227 millones de hectáreas de tierra en África, según un reciente informe de Oxfam. Estas adquisiciones son conocidas como apropiaciones de tierras pues estas son adquiridas gracias a un acuerdo entre partes con poderes de negociación desiguales o mediante métodos encubiertos. Las apropiaciones de tierras están teniendo lugar en el contexto de unos recursos cada vez más escasos, precios de los alimentos cada vez más elevados y la creciente necesidad de fuentes renovables de energía. Los países que están sufriendo estas apropiaciones son Camerún, Etiopía, Ghana, Kenia, Mali, Madagascar, Mozambique, Senegal, Sudán, Tanzania y Zambia.

Aprovechándose de la existencia de tierras y mano de obra baratas en África, compañías extranjeras y gobiernos están adquiriendo tierras en las que cultivan alimentos para los mercados exteriores o biocombustibles. La Unión Europea (UE) ha establecido, como objetivo de sus estados miembros, conseguir que no menos del 10 por ciento de la energía empleada en el transporte provenga de fuentes renovables para el año 2020. Esta política ha estimulado la apropiación de tierras para destinarlas a la producción de aceite de jatropha, sorgo dulce y aceite de palma. Esfuerzos bien intencionados en una región para ralentizar o detener el cambio climático están amenazando la seguridad alimentaria., la disponibilidad de agua, los medios de vida e, irónicamente, está alentando la deforestación y la reducción de hábitats de vida salvaje en otra región. Las apropiaciones de tierras son también una causa potencial de conflictos.

La jatropha es un cultivo no alimentario ‘maravilloso’ que produce grandes cantidades de aceite y, según se dice, necesita poca agua y poca mano de obra. Sin embargo, las experiencias habidas en Mozambique han mostrado que la producción de aceite de jatropha requiere una inversión inicial importante en agua y mantenimiento, y necesita costosos pesticidas. Los cultivos alimentarios, como la soja, la caña de azúcar y el maíz son, también, cultivos de biocombustibles, y su producción puede elevar los precios de los alimentos amenazando la seguridad alimentaria de las comunidades locales. Aunque a menudo se prometen puestos de trabajo a las comunidades que ceden sus tierras, esos empleos suelen ser pocos y mal pagados. Además, a diferencia de los métodos de cultivo tradicionales, la agricultura comercial a gran escala tiende a estar muy mecanizada y limita la necesidad de mano de obra. Se estima que solo se crea un puesto de trabajo por cada 100 hectáreas de plantaciones de biocombustibles.

En la actualidad, solo el 38 por ciento de la población de África vive en ciudades. Aunque son las mujeres africanas las que hacen la mayor parte del trabajo relacionado con la producción, procesado y comercialización de los alimentos, gran parte de sus derechos sobre las tierras no son seguros, pues se obtienen a través de sus parientes masculinos, cuyos derechos están ahora amenazados por las apropiaciones de tierras. En Tanzania, los derechos de tierras de comunidades enteras han sido vendidos por los jefes de aldea. Una vez debilitados, la propiedad de tierras de las mujeres y los derechos son posteriormente amenazados por las apropiaciones de tierras.

En el noroeste de Tanzania, la región de Shinyanga es un santuario de la minería de diamantes, pero los intereses comerciales han logrado que buena parte de la tierra ya no esté en manos de los indígenas tanzanos. En 2009, en Loliondo, en el noreste del país, el ejército tanzano expulsó por la fuerza a los pastores masai de sus tierras ancestrales para despejar el área y permitir que un inversor árabe estableciera cotos de caza para el turismo. Los masai no fueron consultados de la venta de sus tierras ancestrales. La operación para desplazarlos fue especialmente brutal: la gente fue apaleada, las mujeres fueron violadas y las casas, arrasadas por el fuego. El desplazamiento de los pastores masai a Morogoro, donde ya existe una población agrícola, está provocando conflictos por el uso de la tierra.

Según el informe de Oxfam, en Etiopía las mujeres están siendo desposeídas de sus casas y tierras cuando sus maridos mueren o se separan de ellos, viéndose obligadas a practicar una agricultura de subsistencia en tierras ‘marginales’ o estériles, y a recoger combustible para sobrevivir. Cuando estas tierras son apropiadas para cultivar biocombustibles, las mujeres pobres pierden incluso el acceso a las mismas. En Ghana, donde las mujeres tienen derechos de uso en virtud del derecho consuetudinario y cultivan cacao, manteca de karité y aceite de palma, las apropiaciones de tierras afectan negativamente a las mujeres cuyas vidas dependen de estos cultivos.

Los inversores en apropiaciones de tierras prometen, también, oportunidades de empleo para las comunidades locales, pero esto es a menudo mentira, pues traen trabajadores cualificados de otros países. Por ejemplo, en Mali, un proyecto de cultivo de arroz empleó a trabajadores cualificados chinos como supervisores y negó formación y empleos bien pagados a los locales. En Tanzania, un plan de biocombustibles quebró dejando a cientos de personas sin empleo. Cuando se crean empleos, en las sociedades patriarcales africanas son los hombres quienes se benefician de esas oportunidades, mientras las mujeres se dedican a las tareas reproductivas y domésticas. Las mujeres se ven igualmente discriminadas por sus bajos niveles de educación y su falta de cualificaciones académicas y experiencia necesarias para los empleos proporcionados por las firmas extranjeras.

A pesar de su complicidad en las apropiaciones de tierras en sus propios países, los gobiernos africanos adoptaron en 2009, bajo los auspicios de la Unión Africana (UA), el Marco y directrices para la política de tierras en África. Entre otras cosas, las directrices piden a los estados que prioricen el desarrollo de la política de tierras y aseguren que las leyes de tierras proporcionen un acceso equitativo a la tierra y a los procesos relacionados entre todos los usuarios de las tierras. Dada la experiencia pasada y presente de desplazamientos forzosos, ventas de tierras y de derechos de agua, así como otros graves problemas de las poblaciones locales, es evidente que varios gobiernos africanos están priorizando las inversiones de capitales extranjeros sobre el bienestar de sus propios ciudadanos.

Las directivas reconocen el papel del patriarcado en las restricciones sobre la propiedad y el control de las tierras por las mujeres, así como el papel de la colonización en la consolidación del patriarcado en las leyes de propiedad de las tierras confiriendo títulos y derechos de herencia a los miembros masculinos de la familia y permitiendo la discriminación de las mujeres en materias de derechos individuales (matrimonio y herencia). El Marco y Directrices dice: Si la ley y la política han de corregir las desigualdades de género en la tenencia y uso de la tierra, es necesario deconstruir, reconstruir y reconceptualizar las normas existentes de propiedad de la tierra tanto en el derecho consuetudinario como en el legal, de forma que se fortalezca el acceso y el control de las mujeres a las tierras, al tiempo que se respetan la familia y demás redes sociales.

Recomiendan que los estados promulguen leyes que garanticen los derechos de propiedad de la tierra de las mujeres, independientemente de su estado civil, permitiéndoles heredar y legar tierras en igualdad de condiciones, así como la copropiedad de las esposas de las tierras registradas, y promover la participación de las mujeres en la administración de las tierras.

Las Directrices siguen diciendo: A fin de garantizar el pleno disfrute de los derechos de tierras, estas medidas deben formar parte de una ideología que excluya los temas relativos a los derechos de tierras de las mujeres de la esfera privada del matrimonio y la familia, y los incluya en el dominio público de los derechos humanos. Al hacer responsables a los gobiernos, el actual estatus subordinado de los derechos de tierras de las mujeres debe ser abordado junto con otros asuntos relacionados con los derechos de tierras tal como prescriben las Directrices.

A pesar de su lenguaje progresista sobre los derechos de las mujeres, el Marco y Directrices no dice nada sobre el tema de las apropiaciones de tierras, y esto es un vacío que la UA tiene que llenar.

A nivel global, hay dos procesos clave que tienen como objetivo abordar las apropiaciones de tierras: la Inversión Agrícola Responsable (IAR) promovida por el Banco Mundial, y las Directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, las pesquerías y los bosques, de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), desarrolladas por el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS, por sus siglas en inglés). Las organizaciones de la sociedad civil en su conjunto prefieren colaborar en el proceso de estas directrices voluntarias porque es más incluyente y ha incorporado sus aportaciones en varias fases.

Si bien no abordan directamente las apropiaciones de tierras, las Directrices piden a los estados que establezcan salvaguardas para evitar la infracción o la extinción de los derechos de tenencia de otros, incluyendo aquellos derechos que son considerados legítimos pero que no están actualmente protegidos por la ley. En particular, las salvaguardas deberían proteger a las mujeres y a las personas vulnerables que tienen derechos subsidiarios, tales como derechos de recolección.

Las organizaciones de derechos de las mujeres tienen que participar en estos procesos regionales y globales para asegurar que los derechos de las mujeres son respetados. Tienen que insistir en que el cambio climático y las apropiaciones de tierras están relacionados, puesto que el auge de la producción de biocombustibles es perjudicial para las mujeres africanas. Las medidas de mitigación del cambio climático deben tener en cuenta la propiedad de las tierras y los derechos de uso de las mujeres, y no representar una nueva carga para ellas. Cientos de organizaciones de todo el mundo han realizado un llamamiento para detener las apropiaciones de tierras. La conferencia Río +20 sobre desarrollo sostenible, que se celebrará en Río de Janeiro en junio de este año, es una oportunidad para que los grupos de derechos de las mujeres y de derechos humanos introduzcan este tema firmemente en la agenda internacional. A nivel comunitario, las mujeres tienen que reconocerse a sí mismas como actores que pueden movilizarse para resistir frente a los procesos de siguen excluyéndolas.


Kathambi Kinoti es coordinadora de Información de la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID) en Sudáfrica.

Traducción: Javier Villate