La balcanización de Somalia (parte 2)

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Abdinur Mohamud

Publicado originalmente en: The Balkanization of Somalia, Foreign Policy in Focus, 29/09/2011

La política estadounidense de doble vía

Desde que retiró las tropas de Somalia en 1993, EEUU ha mantenido una política de no intervención, utilizando a menudo a los señores locales de la guerra como apoderados para mejorar la seguridad y la inteligencia contra los extremistas religiosos. Esto fue parte de la política global de EEUU de “guerra contra el terror”. Con el visible fracaso en el intento de detener la expansión de los extremistas religiosos por Somalia, compuestos por elementos extranjeros procedentes de las guerras de Irak y Afganistán, EEUU ha retirado lentamente su apoyo al Gobierno Federal de Transición (GFT). En lugar de fortalecer el gobierno legítimo de Somalia, internacionalmente reconocido, con el fin de establecer las instituciones políticas, económicas, militares y sociales necesarias y la infraestructura de gobierno, EEUU ha adoptado lo que ha llamado “política de doble vía”. Mientras ayuda a la administración central, EEUU está plantando al mismo tiempo las semillas que han de fomentar el surgimiento de administraciones locales y regionales cuasi-independientes dentro y fuera del gobierno.

Los críticos argumentan que a esta política le falta una tercera vía para producir el resultado deseado de una Somalia más fuerte y unificada. Otros sostienen que la política en cuestión es una culminación de ideas recicladas, como el llamado enfoque de bloques de construcción que reconoce a Somalia como entidades independientes múltiples que se autogobiernan, en lugar de un único estado. Cualquiera que sea su objetivo final, la política estadounidense ha alentado la formación de autoridades regionales basadas en clanes, creando a menudo subregiones dentro de una región reconocida y posicionándolas ostensiblemente para obtener apoyo financiero y repartir el poder.

Si Somalia se convirtiera en un estado federal como Nigeria, por ejemplo, la relación centro-periferia tendría que consolidar regiones socialmente estables y diversas. Generalmente, muchos somalíes prefieren un estado unitario descentralizado, mientras que otros creen que es más adecuado un sistema federal consistente de norte y sur. Otros proponen un sistema federal compuesto por las ocho regiones originales de 1960 o las 18 regiones existentes durante el régimen militar, por considerarlo más práctico que el actual caos de administraciones regionales de base étnica. Sin embargo, otros creen que una combinación de las ocho regiones de 1960 en cuatro entidades territoriales más grandes que aseguren la diversidad, la estabilidad y el acceso al mar podrían ser los componentes regionales ideales de un sistema federal capaz de sostener una fuerte administración central que pueda proyectar poder nacional, soberanía y prestigio. Por otra parte, un gobierno central más débil, con administraciones regionales más fuertes pero erráticas (como las que han promovido entre bambalinas algunos actores regionales e internacionales), conducirá, sin duda, a nuevas rivalidades regionales y conflictos entre clanes que podrían dar continuidad al actual conflicto y al sufrimiento humano.

El enfoque de abajo arriba de la política de doble vía habría funcionado mejor si hubiera animado al GFT a mejorar el desarrollo de las administraciones regionales legítimas, de acuerdo con la constitución somalí, estableciendo claras demarcaciones que reconozcan la diversidad de los clanes dentro de cada región. Sin embargo, imperceptiblemente la política de doble vía ha promovido la creación de docenas de administraciones regionales, algunas con un control real de territorio y población, otras funcionando como estados regionales imaginarios gobernados desde el exterior.

Más de 20 “presidentes” de las llamadas administraciones regionales emergentes han sido catapultados a la escena nacional por la comunidad internacional en una conferencia celebrada en Nairobi (Kenia), socavando y debilitando la administración central y complicando, así, el complejo laberinto internacional que es, de hecho, Somalia. La proliferación de administraciones regionales y la marginación de la administración central por parte de la comunidad internacional son claras amenazas para la soberanía y la integridad territorial de Somalia.

Como una muestra de los efectos de la política norteamericana, el gobierno danés está comprometido con la edificación de una escuela de enseñanza primaria en Mogadiscio, sorteando al GFT y tratando directamente con la comunidad local, con el AMISOM como agente fiscal e interlocutor local. Esto demuestra claramente el respaldo que los miembros de la comunidad internacional están dando a la política de EEUU.

Estados Unidos, la ONU y los gobiernos regionales de Somalia están gestionando silenciosamente lo que podría denominarse un fideicomiso, sin las necesarias obligaciones de asumir la plena responsabilidad de lo que vaya mal en sus políticas, incluyendo la extensión del extremismo, la piratería, la hambruna y los otros males sociales que están impidiendo la paz y la seguridad en la región. A medida que estos actores internacionales siguen minando sigilosamente la soberanía y la integridad territorial de Somalia, los intelectuales somalíes observan impotentes cómo su país se desvanece poco a poco del mapa.

El acuerdo de Kampala

La firma del Acuerdo de Kampala, que dio por concluido el punto muerto existente entre el gobierno y el presidente del parlamento somalí, presagió la reacción indignada y las críticas procedentes de muchos rincones de la diáspora somalí, sobre todo de una comunidad intelectual perpleja por la potencial pérdida de soberanía nacional e integridad territorial. La ONU ha reconocido, de hecho, la soberanía y la integridad territorial de Somalia como estado miembro, aunque las relaciones prácticas de la ONU y la comunidad internacional con Somalia indiquen lo contrario. La preocupación se debe, principalmente, a la siguiente cláusula del acuerdo:

Los Jefes de Estado de la Región (IGAD y EAC) [Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo y Comunidad Africana Oriental] constituirán una Oficina Política con participación de la ONU (UNPOS) [Oficina Política de Naciones Unidas para Somalia] y la Unión Africana (UA), similar a la Iniciativa Regional de Burundi. La Oficina supervisará y vigilará el cumplimiento de las instituciones federales de transición con los puntos de referencia y plazos acordados para implementar las tareas de transición y desarrollar el Proceso de Paz somalí.

Los somalíes preocupados argumentaron correctamente que el Acuerdo de Kampala dejaba a Somalia al borde del precipicio con un cuasi-fideicomiso de la ONU, cuya autoridad supervisora sustituye de hecho a la constitución.

Con el Acuerdo de Kampala, la política de doble vía de EEUU y la multitud de gobiernos regionales semiindependientes que han brotado por toda Somalia, la soberanía nacional solo existe en el papel. Para recuperarla, los somalíes, y solo los somalíes, deben reconocer que su destino está entrelazado y que romper esa conjunción haría de los somalíes presas fáciles para depredadores egoístas.

El lamentable estado de Somalia puede ser revertido si el pueblo somalí afronta la realidad de que su nación está peor hoy que cuando se liberó del colonialismo hace 51 años, y que esto es su responsabilidad y de nadie más. En los albores del siglo XXI, cuando los avances tecnológicos en ciencias, tecnología y medicina están creando milagros, los bebés y niños somalíes están muriendo de enfermedades tan conocidas como la poliomielitis, la desnutrición, la malaria y otras. La política de clanes, basada en la ignorancia y en un juego de suma cero, sigue destruyendo el tejido político, económico y social del estado y de las propias comunidades. Rivalidades políticas interminables, principalmente por los escasos recursos naturales y el poder, son la causa de la actual violencia, la inestabilidad y el conflicto entre comunidades que podrían haber sido vecinos pacíficos. Los actores externos que se inmiscuyeron en los asuntos de Somalia solo llegaron a petición de unos somalíes que pretendían imponerse políticamente a otros, y cuyas ganancias políticas a corto plazo parecen justificar los perjuicios nacionales a largo plazo. Si los somalíes se unieran y reconocieran su destino común compartido, sería difícil que los actores extranjeros siguieran con sus negocios.

La política de doble vía puede servir a los intereses de seguridad de EEUU en Somalia a corto plazo, pero está ayudando imperceptiblemente al retorno de los señores de la guerra y de los regionalismos étnicos, más letales a largo plazo para la estabilidad y la paz global. Cuanto antes se dé cuenta de esto la administración Obama, mejor para todos.


Abdinur Mohamud es exministro de Educación de Somalia y colaborador de Foreign Policy in Focus. En la actualidad, trabaja y vive en Columbus, Ohio.

Traducción: Javier Villate

La balcanización de Somalia (parte 1)

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Abdinur Mohamud

Publicado originalmente en: The Balkanization of Somalia, Foreign Policy in Focus, 26/09/2011

La debacle de la hambruna de África Oriental ha alcanzado, una vez más, a los medios de comunicación internacionales en el verano de 2011. Las noticias de la televisión han mostrado los rostros demacrados de los niños, las mujeres y los ancianos que estaban en los campamentos de refugiados de Kenia y Somalia. La última vez que una devastadora hambruna de similar magnitud tuvo eco en los medios de comunicación internacionales fue en 1992, cuando decenas de miles de somalíes murieron de inanición.

La recurrente hambruna de África Oriental no es solo el resultado de las sequías naturales y cíclicas en la región. Causas creadas por el hombre siguen exacerbando los efectos y el alcance del desastre. Unas de estas causas son la inestabilidad política de Somalia y la incapacidad de la comunidad internacional para preparar y ayudar a las comunidades con antelación y minimizar, así, las consecuencias de la sequía evitando el desarrollo de una hambruna en toda regla.

La inestabilidad política de Somalia y las acciones de la comunidad internacional están íntimamente relacionadas. Al apoyar a los actores regionales dentro de Somalia, en lugar de apoyar al gobierno federal, la comunidad internacional está contribuyendo a las fuerzas centrífugas que debilitan al país, impulsan la violencia y prolongan la crisis humanitaria.

Sequías de origen natural

Las sequías estacionales y cíclicas ocurren frecuentemente, cada diez años más o menos, en la región oriental de África que abarca Kenia, Etiopía, Somalia, Eritrea y Yibuti. Esta parte del continente es propensa a padecer hambrunas. La mejora de las inestabilidades políticas y sociales, y la producción de alimentos a largo plazo son elementos claves para evitar crisis futuras. Las hambrunas de Etiopía en 1984 y Somalia en 1992 suscitaron un gran apoyo internacional, la canción “We are the World” y el despliegue de tropas norteamericanas y de otros países en Somalia, en lo que se conoció como “Operación Devolver la Esperanza”. En ambos casos, las escenas que se veían en la televisión mostrando la difícil situación de las víctimas, entre ellas los niños desnutridos que morían literalmente ante las pantallas, obligaron a los gobiernos y las organizaciones humanitarias a actuar con rapidez.

Las tropas enviadas a Somalia fueron desplegadas, principalmente, para abrir las vías alimentarias bloqueadas por las milicias de los señores de la guerra que combatían entre sí a lo largo y ancho del país, y para llevar ayuda de emergencia a las regiones más afectadas. Después de la muerte de 18 rangers a manos de una milicia tribal que combatía por lograr el control de Mogadiscio —hecho reflejado en la película Black Hawk derribado—, el presidente Bill Clinton decidió sacar a las tropas norteamericanas de Somalia, dando por terminada prematuramente lo que podía haber sido una misión humanitaria exitosa.

La actual sequía era previsible y, de hecho, fue pronosticada mucho antes de que se hiciera realidad. Con una gran cantidad de planificación previa y reforzamiento de los mecanismos, estructuras e instituciones locales, la mayoría de los países de la región habrían podido mantener la crisis bajo control, con la ayuda de algunas organizaciones humanitarias internacionales. Sin embargo, la prolongada inestabilidad política somalí y el conflicto entre el Gobierno Federal de Transición (GFT) de Somalia y el grupo Al Shabab (“La juventud”), vinculado con Al Qaeda y que controla la mayor parte del sur del país, han complicado mucho los trabajos de ayuda. Las graves sequías se convirtieron en una hambruna devastadora que ha matado y/o desplazado a decenas de miles de hombres, mujeres y niños. Kenia solo alberga unos cuantos campamentos de refugiados próximos a su frontera con Somalia, a los que llegan centenares de familias cada día. Como consecuencia de la prohibición de viajar por parte de Al Shabab, las organizaciones humanitarias internacionales radicadas en Nairobi (Kenia) han tenido dificultades para enviar personal a las áreas afectadas y dependen de la información de segunda mano de las organizaciones locales subcontratadas. Durante muchos años, Mogadiscio ha sido inalcanzable para los occidentales y personal de la ONU, y una visita del jefe de estado fuera de la región era algo inconcebible.

La valerosa visita a Mogadiscio, realizada a principios de este verano por el primer ministro turco Recep Tayip Erdogan y miembros de su gobierno, abrió Somalia al resto del mundo y ayudó a restaurar la confianza internacional en la relativa seguridad de la ciudad. La visita creó más oportunidades para que otras delegaciones dieran testimonios de primera mano de la crisis. La autoimpuesta prohibición de la ONU de viajar fuera del aeropuerto de Mogadiscio, limitando los movimientos del personal de la ONU a un corredor verde alrededor del aeropuerto, protegido por la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), ha impedido al personal internacional de la ONU tomar contacto con los refugiados, ni siquiera en las áreas controladas por el gobierno.

Inestabilidad política

Desde la caída del gobierno central en 1991, Somalia ha estado inmersa en un conflicto civil interno que ha matado y mutilado a decenas de miles de personas y destruido instituciones públicas, infraestructuras nacionales y el aparato del estado. Más de 16 conferencias internacionales han fracasado en sus intentos de resolver el conflicto y reconstruir el estado somalí. Intuyendo esta larga hecatombe, la región septentrional del país se separó de Somalia en 1991 para formar una nueva entidad llamada Somalilandia que, a pesar de buscar su reconocimiento formal como un estado africano independiente, no lo ha conseguido. Pocos años más tarde, la región oriental, observando la relativa seguridad y los progresos logrados en el naciente autogobierno del norte, así como el caos existente en el sur, formó una entidad política denominada Puntland, que decidió permanecer dentro del paraguas del estado somalí, pero estableciendo una administración regional casi independiente. Al igual que Somalilandia, Puntland pudo lograr una paz y estabilidad relativas, dos elementos vitales ausentes en el gobierno nacional.

Mientras tanto, el Gobierno Federal de Transición de Somalia sigue luchando para mantener la ley y el orden frente a una hambruna devastadora y un conflicto fatal con Al Shabab. Alrededor de 8.000 efectivos africanos estacionados en Mogadiscio, bajo los auspicios de la Unión Africana (UA), ayudan al gobierno en su lucha con Al Shabab. El GFT, política y militarmente frágil, tiene apenas el capital político, financiero y social necesario para proyectar, tanto a nivel local como internacional, un estatus de estado soberano o capaz de proteger sus fronteras frente a los enemigos extranjeros y domésticos. En consecuencia, Somalia se ha vuelto dependiente de los actores regionales e internacionales (EEUU, ONU y UE). Como tal, Somalia es ampliamente gobernada en la actualidad por el enviado especial de la ONU para Somalia, Augustine P. Mahiga, un diplomático tanzano que coordina las actividades políticas y de seguridad de los diferentes actores regionales e internacionales y sostiene, literalmente, las finanzas por medio del Programa de Desarrollo de la ONU (UNDP), que canaliza todos los proyectos financiados internacionalmente en Somalia.

Una gran parte de los fondos internacionales es utilizado por las fuerzas de la UA estacionadas en Somalia y para pagar directamente al ejército y la policía somalíes, sin pasar por el GFT. La corrupción galopante y la mala gestión del GFT en todos los niveles ha causado, supuestamente, que la comunidad internacional soslaye el gobierno y trate directamente con los clientes. Para su subsistencia, el GFT depende de los ingresos obtenidos por el puerto y el aeropuerto de Mogadiscio. Con estos fondos se pagan los salarios de los funcionarios, así como otros proyectos gubernamentales en áreas bajo control del GFT. Pero el progreso en el funcionamiento y la gobernanza del estado en Somalia se ve obstaculizado por la corrupción generalizada en el gobierno somalí y, así mismo, por la falta de iniciativas de la comunidad internacional dirigidas a reconstruir las instituciones públicas necesarias para gestionar los asuntos políticos, financieros y sociales del estado.

Los intereses divergentes de los estados de la región y de la comunidad internacional están dificultando, si no imposibilitando, que los somalíes resuelvan su largo conflicto y vuelvan a poner en marcha el estado somalí. Los estados de la región, con sus propios intereses estratégicos y de seguridad, especialmente Etiopía, Kenia y Eritrea, promueven a menudo políticas y actividades encubiertas y, a veces, abiertas que siguen desestabilizando Somalia. Por ejemplo, el apoyo continuado de Eritrea a Al Shabab y el respaldo de Etiopía a Ahlu Sunna Wal Jamá (ASWJ), posiblemente la milicia más eficiente y organizada opuesta a Al Shabab, coloca a estos dos países rivales en extremos opuestos del conflicto somalí, convirtiendo a Somalia en su campo de batalla. Kenia también está mostrando su poder con la creación de una zona de seguridad y una entidad regional somalí para administrar el área denominada Azania. Gracias a la filtración de documentos de WikiLeaks, el mundo pudo enterarse recientemente que el gobierno de EEUU se opuso enérgicamente al plan keniata, aunque este siguió adelante de todos modos.

(Continuará en la parte 2)

“Estamos entrando en una segunda recesión”, dice Nouriel Roubini

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Emerging Markets ha publicado una entrevista con el prestigioso economista Nouriel Roubini en la que este lleva a cabo una exhaustiva revisión de la situación económica mundial y la crisis europea, ofreciendo sus propuestas para hacer frente a esta última.



En opinión de Roubini, “existe una gran probabilidad de que se produzca otra crisis financiera global”. En realidad, “la mayoría de las economías avanzadas ya están entrando en una recesión”. Se acabó la “anémica recuperación”.

Además, Roubini considera que “nos estamos quedando sin munición política (monetaria, fiscal) para rescatar al sistema financiero”. El economista de Roubini Global Economics cree que hace falta una inyección de dinero para que países como Italia y España recuperen la confianza de los mercados, ya que, a diferencia de Grecia, Irlanda y Portugal, su problema no es de insolvencia sino de falta de liquidez. Lo que pasa es que ninguna de las tres opciones que Roubini toma en consideración son viables en su opinión: emisión de eurobonos, que el Banco Central Europeo (BCE) hiciera el trabajo sucio que legalmente no puede hacer o triplicar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF). Si el EFSF se queda sin dinero y no puede rescatar a Italia y España, la crisis financiera global podría ser más grave que la provocada por el hundimiento de Lehman Brothers.

Roubini, uno de los pocos economistas que supieron pronosticar la crisis de 2008, ofrece sus propuestas:

Uno, mucha más flexibilización cuantitativa y monetaria, no solo flexibilización cuantitativa, sino también flexibilización crediticia. Dos, estímulos fiscales a corto plazo en aquellos países que puedan permitírselo. Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, el núcleo de la eurozona, Japón, es la periferia la que está haciendo ajustes fiscales. Necesitamos proporcionar cantidades ingentes de préstamos de último recurso a Italia y España para asegurarnos de que los países solventes pero faltos de liquidez no caigan en una profecía autocumplida. Necesitamos una reestructuración ordenada de la deuda de los gobiernos, los bancos y las familias que son insolventes. Necesitamos una masiva recapitalización de los bancos europeos por medio de un programa del tipo del TARP (Troubled Asset Relief Program). Tenemos que apoyar a los mercados emergentes ofreciendo apoyo monetario y fiscal a los países que están teniendo problemas, y proporcionar apoyo a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras organizaciones financieras internacionales. Tenemos que conceder créditos a las pequeñas y medianas empresas, así como a las familias que están en apuros. Debemos llevar a cabo una salida ordenada de la eurozona de los países que no están recuperando la competitividad, como Grecia y, posiblemente, también Portugal. Y hay que hacer esto de una forma clara, integral y concentrada. Hay, pues, muchas cosas que debemos hacer. Temo que los políticos de EEUU, Europa y Gran Bretaña no tengan la voluntad política para hacerlo en sus propios países, no digamos ya coordinarlo internacionalmente.

La cuestión, según Roubini, no es si vamos a tener una segunda recesión. La segunda recesión ya ha empezado. La cuestión es si la recesión va a ser suave en la mayoría de las economías avanzadas o, por el contrario, va a ser una recesión severa acompañada de una nueva crisis financiera global. Para Roubini, la respuesta a esa pregunta depende de si podemos mantener a flote a Italia y España, dado a Grecia por perdida.

“Eso depende de que Alemania corra el riesgo de rescatar básicamente a Italia y España, o de que el EFSF, los eurobonos o el BCE hagan su trabajo”, dice Roubini. Necesitamos ahora tres billones de euros para rescatar la deuda de Italia y España. “Hay que ir en la dirección de una unión fiscal casi completa, en el sentido de proporcionar apoyo de liquidez a los países ilíquidos pero solventes que son demasiado grandes para caer y demasiado grandes para salvar. Esa es la cuestión clave”.

En opinión de Roubini, la deuda solo puede ser sostenible si hay crecimiento económico. “A menos que tengamos una estrategia para recuperar el crecimiento en la eurozona a corto plazo, necesitamos una política de flexibilización monetaria a gran escala: el debilitamiento del euro, estímulos fiscales en Alemania y demás países centrales, apoyo a Italia y España y hacer algo en términos de gastos en infraestructuras para impulsar el crecimiento de la periferia, que ahora está dirigiéndose hacia una recesión”. Si todo el mundo adopta una política de austeridad fiscal al mismo tiempo, cuando la demanda privada está cayendo, tendremos otra depresión global, dice Roubini.

En resumen, según Nouriel Roubini, necesitamos un “acuerdo en torno a una política de estímulo fiscal en todas las economías avanzadas”, aunque en la periferia de la eurozona se vean obligados a adoptar una política de austeridad fiscal. Necesitamos, también, un “compromiso para proporcionar liquidez a Italia y España”, que sea tres o cuatro veces mayor que los 440.000 millones de euros del EFSF. Y necesitamos tener un “plan europeo del tipo TARP para recapitalizar los bancos europeos”.

La OTAN no se preocupa por los refugiados de la guerra libia

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Bill Van Auken

Publicado originalmente en: NATO powers indifferent to Libyan refugees, World Socialist Web Site, 21/09/2011

Los mismos países de la OTAN que han hecho la guerra contra Libia en nombre de la “protección de los civiles” han dado “una respuesta atroz a la difícil situación” de los refugiados durante el conflicto, ha dicho Amnistía Internacional en un informe publicado el martes.

El informe pide una atención urgente a las condiciones que enfrentan unos 5.000 refugiados, y buscadores de asilo, que están atrapados en escuálidos campamentos situados en las fronteras con Túnez y Egipto. Obligados a huir debido a la violencia existente en Libia —muchos de ellos habían huido de sus países de origen buscando refugio en Libia—, ya no pueden ir a ninguna otra parte.

Además de matar y herir a decenas de miles de libios y dejan a buena parte de la infraestructura del país en ruinas, la guerra lanzada por EEUU-OTAN en marzo ha sido una catástrofe para los inmigrantes extranjeros (entre 1,5 y 2,5 millones) que estaban viviendo y trabajando en Libia cuando estalló la guerra.

La mayoría ha dejado atrás sus medios de subsistencia y viven ahora en condiciones extremas. Sin embargo, muchos miles no han podido escapar hasta el momento.

Al menos 1.500 de estos trabajadores han muerto intentando huir de Libia en botes. La OTAN, que desplegó una flota naval de guerra frente a las costas libias, fue acusada de negarse a rescatar a personas que se ahogaron o murieron de sed o hambre cuando intentaban cruzar a Europa.

La mayoría de estos inmigrantes llegaron a Libia en busca de trabajo desde países más pobres del África subsahariana: Burkina Faso, Etiopía, Eritrea, Ghana, Mali, Níger, Nigeria, Somalia y Sudán.

Junto con los libios de raza negra, estos inmigrantes han sido perseguidos por los “rebeldes” apoyados por la OTAN, que han llevado a cabo agresiones violentas, encarcelamientos y linchamientos en base a la espuria acusación de que el Coronel Muamar Gadafi utilizó a mercenarios africanos subsaharianos para defender su régimen.

Estados Unidos y las potencias europeas que han llevado a cabo la guerra contra Libia han cerrado los ojos ante estos pogromos racistas, mientras celebraban el supuesto amanecer de una nueva “democracia” y hacían cola para conseguir contratos de reconstrucción y negocios con el petróleo.

La mayoría de los cientos de miles de inmigrantes que pudieron cruzar la frontera con Túnez o Egipto han sido repatriados a sus respectivos países de origen.

Casi 4.000 refugiados y buscadores de asilo están varados en el campamento de refugiados de Choucha, cerca de la frontera con Túnez, mientras otros mil están atrapados en el puesto fronterizo egipcio de Saloum.

El informe de Amnistía Internacional dice que el campamento de Choucha está localizado en una zona desértica aislada que es conocida en Túnez con el nombre de “la puerta del Sáhara”, donde las condiciones son extremadamente duras. Pero las condiciones del puesto fronterizo egipcio de Saloum son todavía peores, pues allí la mayoría de la gente vive en tiendas de campaña improvisadas con mantas y trozos de plástico.

Según el informe, las mujeres y los niños del campamento de Saloum están reunidos en dos grandes tiendas de campaña. Los refugios improvisados no protegen a sus ocupantes del “calor del día y del frío de la noche, de los escorpiones y de las pulgas”.

Amnistía Internacional entrevistó a algunos refugiados de los dos campos y les preguntó por qué se encontraban allí. Dice el informe que “cuando la violencia aumentó, miles de refugiados y buscadores de asilo intentaron abandonar Libia. Muchos de los que huyeron a Egipto y Túnez dijeron a Amnistía Internacional que fueron detenidos en los puestos fronterizos por hombres armados que les robaron sus posesiones y, en algunos casos, les golpearon. Algunos vieron cómo les disparaban a otros africanos subsaharianos”.

En el campamento de Choucha, Amnistía Internacional habló con Hafiz, un joven de Darfur, Sudán. “Cuando comenzaron los problemas, la gente local llevaba armas y nos acusaban de ser mercenarios”, dijo. “Venían en coches y nos quitaban nuestras pertenencias. Disparaban al aire con sus armas. Una noche, los guardias de Gadafi vinieron a la casa y nos registraron. Entonces me di cuenta de que no había seguridad y de que era mejor ir a un lugar más seguro”.

Otro refugiado de Darfur en el puesto fronterizo de Saloum contó una historia parecida. “Cuando estalló el conflicto, yo vivía en Bengasi. Estuve en mi casa durante un mes porque vi en las noticias y oí a algunos amigos sudaneses que los ‘revolucionarios’ [como son conocidos los 'rebeldes' apoyados por la OTAN] estaban persiguiendo a la gente de piel oscura. Mi vecino filipino no tuvo problemas porque es blanco. Él nos compraba comida. El 17 de marzo, antes del atardecer, tres o cuatro rebeldes armados entraron en mi casa. Me golpearon en la cara con el extremo de la pistola, luego nos quitaron el dinero, los pasaportes y los móviles”.

Otro refugiado dijo a Amnistía Internacional que había sido golpeado por los llamados rebeldes y que le llevaron ante un tribunal en Bengasi. “Había unas 40 o 50 personas en la sala del tribunal, la mayoría del Chad, Sudán y Nigeria. La gente nos golpeaba por todo el cuerpo con sus armas y sus cinturones. Se llevaban a una persona tras otra a unas habitaciones. Pude oír los gritos de la gente y vi las marcas de golpes en sus cuerpos cuando salieron. Creo que fueron torturados. A un chadiano le dispararon en el hombro, estaba sangrando, pero no le dieron asistencia médica. La gente que me rodeaba me dijo que me olvidara de vivir, que estábamos muertos. Después de seis o siete horas, mi patrón se presentó en el tribunal para confirmar que yo no era un mercenario. Me soltaron”, dijo.

No hace falta decir que el presidente Barack Obama no mencionó estas atrocidades en el discurso que pronunció el martes en la reunión de los “amigos de Libia”, convocada por la ONU en Nueva York. Solo habló de una nueva Libia que sería “libre, democrática y próspera”, y de la determinación de Washington de “construir nuevas alianzas para ayudar a liberar el extraordinario potencial de Libia”.

El informe de Amnistía Internacional señala que solo ocho países europeos han aceptado reubicar a algunos refugiados que ahora se encuentran en Egipto y Túnez. En total, se han comprometido a aceptar 800 personas solamente.

“Esta es una respuesta pésima a la difícil situación en que se encuentra los refugiados a las puertas de Europa”, sostiene el informe. “También ignora el hecho de que algunos países europeos, debido a su participación en las operaciones de la OTAN en Libia, han sido parte en el conflicto, que ha sido una de las principales causas de los movimientos involuntarios de gente”.

El informe también señala acertadamente que estas mismas potencias europeas se habían alineado previamente con el régimen de Gadafi, debido en parte a su promesa de “detener el flujo de personas que llegan a Europa desde África”.

El informe destaca la hipocresía de las declaraciones hechas por Washington, Londres y París, según las cuales la guerra que han llevado a cabo para derribar a Gadafi fue motivada por el deseo de “proteger a los civiles”. La hostilidad y la indiferencia hacia los refugiados que huían de la violencia racista y de los bombardeos de la OTAN es emblemática de una guerra imperialista que ha utilizado el “humanitarismo” como un pretexto para conquistar un país norteafricano rico en petróleo.

Traducción: Javier Villate

Y nada más, de Silvio Rodríguez

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El ejército de EEUU hostiga a la población civil afgana

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Gareth Porter

Publicado originalmente en: US night raids ‘aimed at Afghan civilians’.

Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos (SOF, por sus siglas en inglés) han incrementado sus ataques nocturnos contra la población civil en Afganistán. Esta es la causa del creciente malestar afgano por la presencia militar norteamericana, según un reciente estudio publicado por la Open Society Foundation y la Oficina de Enlace.

El estudio ofrece nuevas evidencias del grado en que los criterios utilizados para seleccionar a las personas que serán objeto de las redadas nocturnas se han flexibilizado hasta el punto de incluir a civiles que no han sido identificados como insurgentes.

Basándose en entrevistas con actuales oficiales y exoficiales del ejército de EEUU que tienen conocimiento de este tipo de operaciones, así como con afganos que han padecido las redadas, los autores del estudio han escrito que un gran número de civiles están siendo detenidos durante breves periodos de tiempo, simplemente para averiguar qué saben sobre los insurgentes locales. Esta es una práctica que, según los autores, podría violar las Convenciones de Ginebra sobre la guerra.

Un oficial del ejército que había aprobado las incursiones nocturnas dijo a uno de los autores que perseguir a personas que, supuestamente, conocen a algún insurgente es un elemento fundamental en la planificación de las redadas. “Si no puedes atrapar al tipo que quieres —dijo el oficial—, puedes atrapar al tipo que le conoce”.

Incluso personas que no eran objetivo de las redadas han sido detenidas si se encontraban en la vecindad, porque la participación de una persona en la insurgencia “no siempre es clara hasta que se le interroga”, según el mencionado oficial.

Las incursiones realizadas para obtener información sobre la insurgencia han ocasionado, a veces, muertes de civiles. La Red de Analistas Afganos, un grupo independiente de investigadores de Kabul, ha investigado varias redadas nocturnas realizadas en la provincia de Nangarhar en octubre y noviembre de 2010. Ha descubierto que las redadas persiguieron a personas que se habían reunido con un clérigo religioso local que, al parecer, era el gobernador talibán de la provincia en la clandestinidad. Dos civiles murieron en esas redadas cuando los familiares acudieron en defensa de sus parientes.

El informe señala que muchos afganos entrevistados dijeron que estas operaciones nocturnas se habían realizado en varias vecindades simultáneamente, en algunos casos en pueblos enteros.

En un pueblo del distrito de Qui Tapa, en la provincia de Kunduz, varias unidades de las SOF, acompañadas por tropas afganas, llevaron a cabo una redada en la que detuvieron entre 80 y 100 personas, según el informe. Los entrevistados dijeron que un informante enmascarado señalaba a las personas que los soldados norteamericanos se llevaron detenidas para ser interrogadas.

La idea de realizar redadas del ejército contra la población civil para, supuestamente, obtener información sobre los insurgentes tiene una larga historia en la guerra de EEUU y la OTAN en Afganistán.

El oficial del Pentágono que estuvo a cargo de los asuntos de los detenidos hasta finales de 2005 dijo a Inter Press Service (IPS) que las preocupaciones por las “detenciones masivas” en Afganistán fueron contrarrestadas por presiones en favor de “redadas más agresivas”.

Como el entonces jefe de inteligencia de la OTAN en Afganistán, el general de brigada canadiense Jim Ferron, explicó en una entrevista en mayo de 2007, “los detenidos son detenidos por una razón. Tienen información que necesitamos”.

No obstante, no está claro que los civiles proporcionen realmente informaciones importantes sobre los insurgentes. Las víctimas civiles de las redadas nocturnas son familiares y amigos de combatientes y jefes talibanes, por lo que no están nada dispuestos a dar información útil a las SOF.

Según el informe, hay otro elemento que empuja a los mandos de las SOF en Afganistán a centrarse más en personas de las que no se tienen pruebas, o estas son muy débiles, de su colaboración con los insurgentes. Después de haber sufrido graves pérdidas en 2010, los jefes talibanes de distrito y otros de niveles superiores se refugiaron en Pakistán.

Al no poder actuar contra ellos, las SOF de Afganistán tuvieron que elegir entre apresar más civiles o reducir el número de operaciones. La cuestión es que el aumento del número de operaciones y las estadísticas sobre supuestos insurgentes muertos o capturados son pruebas de la eficacia de las unidades de las SOF.

Según datos publicados por Reuters en febrero pasado, entre diciembre de 2010 y febrero de 2011 se llevaron a cabo un promedio de 19 redadas cada noche. Pero un asesor principal del ejército de EEUU, entrevistado por los autores del informe en abril de 2011, aseguró que cada noche se realizaban hasta 40 redadas.

Un oficial militar que participó en estas redadas dijo a uno de los autores del informe que ya no había suficientes jefes talibanes de nivel medio y alto en Afganistán para justificar el elevado número de este tipo de operaciones. Añadió que, probablemente, muchas de estas incursiones tenían como objetivos personas que, no siendo insurgentes, podían saber algo sobre la insurgencia.

Sin embargo, otros militares entrevistados negaron este extremo, afirmando que todavía había muchos jefes a los que perseguir.

El informe sugiere que es peligroso detener a familiares de insurgentes para obtener información, pues esto acrecienta al malestar en todo el país.

“Si ese es el criterio, podrían también arrestar a todos los sureños”, dijo un periodista afgano que vive en Kandahar. “Todos tienen un tío, sobrino o primo que es militante talibán”.

Basándose en entrevistas con residentes de los pueblos donde han tenido lugar redadas en los últimos meses, el informe concluye que las comunidades “creen que las redadas persiguen detener y hostigar a civiles, con el fin de intimidar a toda la comunidad y conseguir que dejen de ofrecer comida y refugio a los insurgentes, o presionarles para que den información sobre la insurgencia”.

La mayoría de los civiles detenidos en las redadas nocturnas suelen ser liberados pocos días más tarde, según el informe. Esta afirmación es consistente con la revelación, ofrecida por IPS en septiembre de 2010, de que alrededor del 90 por ciento de las personas que, según la Fuerza Internacional de Asistencia de Seguridad en agosto de 2010, eran “insurgentes capturados” fueron, de hecho, puestos en libertad en las dos semanas siguientes de su detención o pocos meses después de ser enviados a la cárcel de Parwan.

Los autores del informe concluyen que la persecución deliberada y las detenciones masivas de civiles que no son sospechosos de ser insurgentes, cuya finalidad es obtener información sobre la insurgencia, “puede constituir una privación arbitraria de libertad” y, por tanto, “trato inhumano”, lo que supondría una violación del Artículo 3 de las Convenciones de Ginebra.

El informe sugiere que es una simple “anécdota” el hecho de que estas operaciones sean ahora más precisas. Por otro lado, esa anécdota parece entrar en contradicción con otra evidencia, según la cual las operaciones se han vuelto más indiscriminadas al perseguir deliberadamente a civiles.


Gareth Porter es historiador y periodista especializado en política de seguridad nacional de Estados Unidos. Es autor de Perils of Dominance: Imbalance of Power and the Road to War in Vietnam (2006).

Traducción: Javier Villate

Lo que WikiLeaks ha revelado sobre Al Yazira

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Omar Chatriwala

Publicado originalmente en: What Wikileaks Tells Us About Al Jazeera, Foreign Policy, 19/09/2011

Me ha parecido interesante traducir este artículo ya que aborda un tema muy polémico y de gran actualidad: ¿es Al Yazira un medio de comunicación que paga peaje al gobierno de Catar, que es quien le financia, y a la administración de EEUU en el caso del conflicto libio y en su silencio sobre las protestas en los países del Golfo? A mí no me ha convencido, pero ahí queda.

Al Yazira ha estado agitando las aguas en Oriente Medio desde que salió al aire la primera emisión el 1 de noviembre de 1996. En sus despachos informativos y programas de entrevistas, el canal de satélite panárabe, que es financiado por el estado de Catar, ha sido un crítico estrepitoso de las políticas exteriores de Estados Unidos en Afganistán, Irak y los territorios palestinos, aunque también ha sido un incordio para muchos autócratas árabes. Pero después de la última remesa de cables diplomáticos de EEUU filtrados por WikiLeaks el 30 de agosto, han empezado a circular artículos —especialmente en medios iraníes y sirios— sobre las estrechas relaciones de Al Yazira con un sorprendente interlocutor: el gobierno de EEUU.

En particular, un cable recientemente hecho público emitido por la embajada de EEUU en Doha, y firmado por el entonces embajador Chase Untermeyer, ofrece detalles sobre una reunión entre un funcionario de la embajada, encargado de los asuntos públicos, y Wadah Janfar, director general de Al Yazira. En dicha reunión, este último dijo, al parecer, estar de acuerdo con moderar el tono y eliminar lo que EEUU califica como “contenidos preocupantes del sitio web de Al Yazira”.

Al Yazira ha sido acusada insistentemente de estar al servicio de la política exterior del país anfitrión, y anteriores documentos filtrados se referían a este medio como “una de las herramientas políticas y diplomáticas más valiosas de Catar”, la cual sería utilizada como “una herramienta de negociación en la recomposición de las relaciones con otros países”. Otro documento insta al senador estadounidense John Kerry para que busque los servicios del gobierno catarí en Al Yazira durante una visita al país del Golfo: “hay amplios precedentes de un diálogo bilateral sobre Al Yazira como parte de una mejora de las relaciones bilaterales”.

A pesar de estas declaraciones de fuentes diplomáticas estadounidenses, tanto Al Yazira como el gobierno de Catar han insistido enérgicamente en que el medio televisivo es editorialmente independiente y libre de toda interferencia.

Los escépticos toman esta última filtración como prueba de que Al Yazira está recibiendo presiones externas, en parte debido al resumen del documento:

PAO [funcionario de asuntos públicos] se reunió el 19 de octubre con el director gerente de Al Yazira, Wadah Janfar, para discutir el último informe de la DIA [Agencia de Inteligencia de la Defensa] sobre Al Yazira y los preocupantes contenidos del sitio web de Al Yazira. [...] Janfar dijo que la información más reciente, en el sitio web, objeto de preocupación del gobierno de EEUU ya ha sido suavizada y que la había retirado durante los dos o tres días siguientes.

En lo que algunos consideran una prueba de una conspiración norteamericana-catarí, el cable, con fecha de octubre de 2005, sigue con una cita de Janfar en la que dice: “Tenemos que corregir el método de recepción de estas informaciones”, mencionando que había encontrado una “en el fax”.

Más adelante hay una referencia a una especie de entendimiento que habría sido alcanzado entre Al Yazira y el gobierno de EEUU:

En un nivel semántico, [Janfar] objetó el uso de la palabra “acuerdo” [agreement] en la forma en que fue empleada en la información de agosto en una información de primera plana, bajo el titular “Violencia en Irak”, donde se puede leer: “Violando el acuerdo del canal con representantes de EEUU hace varios meses…”. “El acuerdo era que se trataba de un documento no oficial”, dijo Janfar. [Un documento no oficial es, en la jerga diplomática, una propuesta que no es oficial y que no ha sido formalizada.] “Como agencia de noticias, no podemos firmar acuerdos de esta naturaleza, y tener aquí escrito algo como esto es preocupante para nosotros”.

Dejando esto de lado, el cable parece ser una prueba irrefutable de que Al Yazira está a la entera disposición del gobierno de EEUU. La iraní Press TV ha utilizado esto para concluir que “el gobierno de EEUU ha tenido algo que decir antes de que el contenido aparezca en el sitio web de Al Yazira”. El sitio web ArabCrunch ha denunciado que Al Yazira ha respondido a las presiones de EEUU, y dice que el cable “podría haber revelado la razón por la que Al Yazira ha estado ofreciendo una información sesgada sobre Irak en los últimos años”. No obstante, leído en su contexto, este y otros cables filtrados cuentan una historia muy diferente.

No hemos podido contactar con Janfar y Al Yazira no ha dado una respuesta oficial a estas últimas críticas, pero una fuente del canal dijo a Foreign Policy que estos tipos de reuniones entre la dirección de Al Yazira y representantes de EEUU son algo habitual y siguen teniendo lugar hoy. Dijo, también, que representantes de numerosas misiones diplomáticas presentan regularmente listas de quejas a Al Yazira, pero eso no significa que sean tenidas en cuenta o que se les dé un peso excesivo.

El polémico cable respalda este comentario en cierta medida, detallando cómo discute Janfar algunos puntos del informe del gobierno de EEUU que le fue presentado por el representante de la embajada. “Algunos son simples errores que reconocemos y afrontamos”, dijo. Otros puntos, tales como difundir puntos de vista no favorables a EEUU, son sacados de contexto, dado que la opinión crítica tendría su causa en una información posterior, dijo. Janfar también observa al representante de EEUU que algunas peticiones no pueden ser abordadas, por ejemplo el uso de “grabaciones de terroristas” en directo, que, insiste, es la política del canal en la medida en que son editadas debido a su interés periodístico. Y, evidentemente, afirma, él no puede impedir que los invitados o los entrevistados empleen un lenguaje considerado “hostil” por el gobierno de EEUU.

Janfar estuvo de acuerdo en revisar el “material problemático del sitio web” para rebajar el tono, y el representante de EEUU citó una información sensacionalista que apareció en el sitio web árabe de Al Yazira:

El sitio se abre con una imagen de hojas de papel ensangrentadas, acribilladas a balazos. Los espectadores hacen clic en los agujeros de bala para acceder a los testimonios de diez supuestos “testigos oculares”…

El representante anónimo de EEUU dice a Janfar que la información “fue percibida como incendiaria y periodísticamente cuestionable”. Luego se dice que “Janfar pareció reprimir un suspiro, pero dijo que retiraría la información”.

Aunque ha sido elogiada internacionalmente por la calidad de sus emisiones, Al Yazira ha tenido que rectificar más de una vez contenidos publicados en su sitio web, que funciona de alguna forma autónomamente del canal árabe. En 2007, por ejemplo, el sitio web llevó a cabo una encuesta en la que se preguntaba a los lectores si “apoyaban los ataques de Al Qaeda en Argelia”. Una mayoría de los 30.000 que respondieron dijo que sí, lo que desató una ola de protestas de los medios de comunicación argelinos, acusando al canal de legitimar a Al Qaeda. El administrador del sitio web dijo posteriormente que hacer la encuesta fue un grave error y que lo habían hecho sin su permiso.

Mas allá de este memorándum, WikiLeaks ha publicado más de 30 cables de la embajada de EEUU en Doha con la etiqueta ‘Al Yazira’, y muchos más que hacen mención a este medio entre septiembre de 2005 y febrero de 2010. Pero el retrato que pintan los cables filtrados no es evidencia de ningún tipo de conspiración, sino de una organización que lucha por mantener los estándares profesionales.

El primer cable disponible trata de los preparativos para lanzar Al Yazira Internacional, el nombre original de Al Yazira Inglés, y la grabación de un programa piloto llamado “The Hassan and Josh Show”. Tras ofrecer algunas ideas sobre el desarrollo del joven canal, dice que en 2005 el funcionamiento estaba “todavía en un estadio embrionario y algo caótico”.

Curiosamente, ese programa piloto, que nunca se emitió, fue organizado por las dos estrellas del documental Control Room de 2004 sobre la guerra de Irak: el exsoldado de la marina Josh Rushing y el veterano periodista de Al Yazira Hassan Ibrahim. El autor del cable concluía que Ibrahim y Rushing eran “todavía unos aficionados y necesitarán mucha práctica para presentar un programa más profesional y atractivo”.

El siguiente cable disponible documenta una reunión anterior entre Janfar y el representante de la embajada, en la cual el director de Al Yazira compara la “guerra contra el terror” con la táctica de Osama Bin Laden según la cual “o estás con nosotros o contra nosotros”. Janfar insiste en que Al Yazira no pertenece a ningún campo.

Otro documento de 2005 describe los pasos que ha tomado Al Yazira para reforzar el cambio de las normas de calidad:

Janfar señaló que tiene una reunión diaria con un equipo de control de calidad, encargado de implementar el código ético y de conducta de Al Yazira, que revisa y analiza toda la programación de Al Yazira, buscando fallos en la profesionalidad, el equilibrio y la objetividad. “Esa reunión es muy rigurosa, más rigurosa que su lista”, dijo Janfar

El autor de ese cable llega a la conclusión de que Janfar “está claramente comprometido con acomodar a Al Yazira con los estándares internacionales de la profesión periodística y [...] parece que no solo está abierto a la crítica, sino que la celebra”.

Miembros de la embajada de EEUU se reunieron posteriormente con Jafar Abas Ahmed, director de la unidad de Control de Calidad de Al Yazira, quien, según ellos, habló con franqueza sobre “la resistencia y la hostilidad” de la generación de periodistas más viejos del canal. Abas les dijo que algunos periodistas de Al Yazira ven con recelo a la unidad de Control de Calidad, refiriéndose a la misma como el KGB o la CIA.

“Según Abas, el trabajo para profesionalizar Al Yazira es duro”, se puede leer en el cable, indicando que el mayor problema con el que se enfrentaba era el de “los viejos hábitos que tardan en morir”. Y sigue:

Aunque Al Yazira empezó con un importante número de periodistas que habían trabajado en la BBC, este grupo se ha reducido en los últimos años, atraído por otros canales como Al Arabiya, dijo Abas. Añadió que solo continúan unos pocos.

Una mayoría de los periodistas restantes está compuesta por periodistas que trabajaron en la televisión estatal. Pueden ser brillantes, pero la cultura periodística que han absorbido es diferente de la que Al Yazira está intentando cultivar, explicó Abas.

“[Mi] investigación académica muestra que la influencia no es algo que va de arriba abajo. Hay que mirar a las personas que trabajan aquí”, dijo Mohamed Zayani, un profesor de la Universidad Georgetown de Catar y coautor del libro The Culture of Al Jazeera: Inside an Arab Media Giant.

“Lo que vimos una y otra vez fue un gran margen de libertad… y los periodistas se ven reforzados por ello”, me dijo. Pero eso hace, también, que Al Yazira esté más expuesta a los puntos de vista subjetivos de sus empleados, añadió.

En todo caso, Al Yazira se ha convertido en un nombre muy conocido en los últimos años, y ha sido reconocida en Occidente por la Secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton por ofrecer “noticias reales”. El canal ha cubierto intensamente los levantamientos de la “primavera árabe” en Oriente Medio, llegando a ofrecer información las 24 horas cuando las revueltas han llegado a su clímax en Túnez, Egipto y Libia. No obstante, de forma justificada o no, los críticos acusan al canal de ignorar las protestas que se dan en su propio patio trasero, el Golfo.

En el caso de Siria, Al Yazira ha recibido críticas por cubrir la brutal represión contra los manifestantes por parte de las fuerzas gubernamentales. Los sirios han acusado a Al Yazira de fomentar el malestar en el país, y al menos un medio le ha recriminado por crear unos estudios cinematográficos con el fin de escenificar la revuelta. No sorprende, pues, que algunos pudieran valerse de los cables filtrados para desacreditar a Al Yazira, acusándola de ser un mero portavoz del gobierno de EEUU.


Omar Chatriwala es un periodista independiente de Doha y exempleado de Al Yazira.

Traducción: Javier Villate

La guerra química de EEUU contra Vietnam todavía perdura

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Entre 1961 y 1971, como parte de la guerra que Estados Unidos libró contra los comunistas vietnamitas, no menos de 80 millones de litros de herbicidas fueron lanzados sobre el país, destruyendo más de tres millones de hectáreas de bosques, manglares y tierras cultivables. Peor aún, tres millones de personas se vieron gravemente afectadas por el veneno solo en Vietnam. Esto es lo que explica un interesante artículo de N. D. Jayaprakash en Counterpunch.

Del 7 al 10 de agosto se celebró en Hanoi la Segunda Conferencia Internacional de Víctimas del Agente Naranja/Dioxina. Conmemoraron el 50 aniversario del primer uso de herbicidas en Vietnam por parte del ejército de EEUU. El agente naranja era un herbicida que contenía pequeñas cantidades de un subproducto llamado TCDD o dioxina, uno de los productos químicos más tóxicos entre los conocidos.

Estados Unidos no solo ha sido el único país que ha lanzado bombas nucleares sobre poblaciones civiles, sino que también ha sido el primero y el que más intensamente ha empleado armas químicas, que han afectado, igualmente, a la población civil. ¿Alguien ha sido juzgado por estos crímenes contra la humanidad?

Aparentemente, el ejército norteamericano utilizó el agente naranja y otros herbicidas para destruir la densa vegetación de las junglas vietnamitas, las cuales facilitaban las emboscadas de la guerrilla comunista. Al menos tres millones de hectáreas de bosques, manglares y tierras de cultivo fueron destruidas, y alrededor de tres millones de vietnamitas fueron gravemente afectados. Más de 400.000 de estos últimos han muerto desde entonces y unos 500.000 niños han nacido con todo tipo de defectos, desde deformidades físicas agudas hasta discapacidades mentales extremas, o una combinación de ambos. Además, se sospecha que las antiguas bases militares estadounidenses en Vietnam, donde se almacenaban los herbicidas y se cargaban en los aviones que los dispersaban, contienen altos niveles de dioxinas en el suelo, lo cual representa una amenaza permanente para las comunidades cercanas.

Pero también una buena parte de soldados norteamericanos y aliados que lucharon en Vietnam han padecido los efectos de sus propias armas químicas. Washington les ha dado la espalda. A la conferencia, organizada por la Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja, asistieron más de 200 delegados, la mitad de los cuales procedían de otros 24 países. Estos últimos eran víctimas del agente naranja de Laos, Camboya, EEUU, Corea del Sur, Australia y Canadá, principalmente.

Cuando se firmó el acuerdo de paz de París, el 27 de enero de 1973, EEUU hizo la solemne promesa de adoptar las medidas necesarias para curar las heridas de la guerra. Esta promesa fue seguida de una carta del presidente Nixon, fechada el 1 de febrero de 1973, en la que prometía que EEUU contribuiría con unos 3.250 millones de dólares en la reconstrucción de Vietnam durante un periodo de cinco años. Nada de esto ha sucedido. EEUU ha faltado a su palabra una y otra vez. Las víctimas de la guerra química norteamericana siguen esperando una reparación.

Jayaprakash termina su artículo con estas palabras:

La administración de EEUU ha arrestado o matado a la mayoría de los supuestos perpetradores de los ataques del 11-S. Se han pagado más de 38.000 millones de dólares como compensación a las víctimas del 11-S, incluyendo 8.700 millones para los 2.880 casos de muerte (un promedio de 3,1 millones de dólares para cada uno) y 23.300 millones como compensación por daños a las propiedades. Los casos de lesiones, que suman alrededor de 2.680, recibieron más de mil millones de dólares como compensación, lo que supone una media de más de 373.000 dólares cada uno. Nadie ha sido arrestado ni juzgado en los últimos 50 años por el uso del agente naranja en Vietnam. De los 105.000 veteranos de guerra estadounidenses que sirvieron en Vietnam y que han sufrido los efectos del agente naranja, 52.000 han recibido una compensación total de apenas 197 millones de dólares, es decir, un promedio de unos 3.800 dólares cada uno. El flagrante doble rasero en el pago de compensaciones por parte de la administración de EEUU, incluso para con sus propios ciudadanos, es evidente. Como ya se ha señalado, ¡se ha prometido a Vietnam un total de casi 300 millones de dólares en los próximos diez años como reparación por las tierras afectadas y la asistencia médica!

La represión israelí de las protestas pacíficas palestinas es premeditada

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En los medios occidentales se habla muy poco de los movimientos de resistencia pacífica que existen en los territorios ocupados palestinos. Pero los hay, y en los últimos tiempos han cobrado fuerza y coordinación. En muchos casos están organizados desde la base, sin directrices de los partidos palestinos, aunque estos ya han comprendido que no pueden permanecer al margen. Son movimientos contra las demoliciones y desalojos, contra el muro de anexión, contra la represión, contra la discriminación…

Las fuerzas israelíes de ocupación los reprimen invariablemente y lo hacen con gran violencia, causando muertos y heridos, muchos de ellos mutilados de por vida. Para cualquier observador de la situación palestina era evidente lo que ahora ha mostrado WikiLeaks.

En una reunión celebrada el año pasado, las autoridades israelíes comunicaron a Estados Unidos su disposición a mostrarse más enérgicos con las manifestaciones pacíficas de los palestinos. Según el general israelí Avi Mizrachi, los palestinos no tienen motivos para manifestarse y las protestas estaban siendo organizadas por elementos “sospechosos”. Puesto que estas manifestaciones “carecían de objeto”, cualquier persona que asistiera a las mismas podía ser detenida. Esta forma de pensar del general es la más extendida entre los israelíes: creen que los palestinos se quejan por nada, que son unos bárbaros que deberían estar agradecidos a los israelíes por dejarles vivir en su patria, que son seres inferiores y atrasados, fanáticos musulmanes, holgazanes que no han sido capaces de hacer lo que sí han hecho los judíos, a saber, hacer productivo el desierto… deberían irse a cualquier país árabe y dejar el Israel bíblico para los judíos, que es a quienes pertenece… por la gracia de Dios.

El estado palestino y las conversaciones de paz

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A pesar de los pronunciamientos de gran cantidad de gobiernos en favor del reconocimiento de un estado palestino, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abas ha dicho que, sea cual sea el resultado en la ONU, seguirán con las conversaciones de paz.



Jóvenes palestinos refugiados en Siria intentan saltar la valla israelí de ocupación de los Altos del Golán.

Quiero decir algo sobre esta afirmación. La primera es que hasta el más ciego y tonto puede ver que las conversaciones y los acuerdos, como los de Oslo, no solo no han conducido a ninguna parte, sino que han sido contraproducentes para los palestinos. La misma existencia de la Autoridad Palestina ha convertido a los dirigentes de la OLP en colaboradores de Israel en el mantenimiento de la ocupación, asumiendo competencias que son obligaciones de la potencia ocupante según el derecho internacional y colaborando, literalmente, en la represión de los palestinos. En la actualidad, no hay posibilidad alguna de diálogo con Israel. Esta es la conclusión después de décadas de engaños e intransigencia.

Segunda cuestión: solo deberían iniciarse conversaciones con Israel cuando este reconozca las resoluciones de la ONU y se muestre dispuesto a cumplirlas. La única conversación aceptable con Israel es sobre la implementación de dichas resoluciones, es decir, sobre cómo aplicar la legislación internacional.

Última cuestión: mientras lo anterior no suceda, el único objetivo realista de los palestinos es hacer que la comunidad internacional cumpla con sus obligaciones, de acuerdo con el derecho internacional, y obligue a Israel a acatar las resoluciones de la ONU.

Por supuesto, hay otra vía más realista para la resolución del conflicto israelo-palestino: que la comunidad internacional siga apoyando a Israel, siga haciendo pronunciamientos públicos de condena de los asentamientos, de lamentos sobre los excesos israelíes y cosas así durante algunos lustros más, incumpliendo sus obligaciones, mientras envía dinero a la Autoridad Palestina. Israel seguirá asediando a los gazatíes, acosando a los cisjordanos, destruyendo sus tierras, cultivos, casas, pozos, escuelas…, expandiendo sus asentamientos, desalojando a los palestinos de sus casas, apropiándose de sus tierras y recursos como el agua, obstaculizando sus movimientos y su vida social, emprendiendo redadas e incursiones violentas en pueblos y aldeas, protegiendo a los colonos que atacan a los palestinos, queman sus cosechas y sus mezquitas, amenazan a niños y mujeres…, cometiendo todo tipo de violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional. Poco a poco, los palestinos quedarán más recluidos en guetos peores que el de Varsovia, aislados entre sí, asediados y bloqueados en sus relaciones mutuas y con el mundo exterior, empobrecidos, sin tierras, sin agua y, si me apuran, sin aire. De vez en cuando los israelíes cometerán atrocidades mayores, como la matanza de la operación Plomo Fundido en Gaza en el invierno de 2008-2009, cuando los israelíes asesinaron a unos 1.400 palestinos, la aplastante mayoría civiles, pero ningún gobierno occidental abogó por “proteger a los civiles” ni por bombardeos de la OTAN como en Libia.

Desmoralizados, agotados, hambrientos, sin perspectivas… sobrevivirán los palestinos en la opresión más espantosa que imaginarse pueda en el siglo XXI, ante la mirada cómplice del mundo y del nacionalismo racista y expansionista de los israelíes.

Esto es lo más realista. Esta es la mayor pesadilla. Esta es la mayor vergüenza de Occidente, donde todas sus proclamas sobre derechos humanos, justicia y libertad se estrellan hechas añicos. Y porque es lo más realista, es porque es más necesaria nuestra denuncia, nuestra solidaridad.

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