La explotación infantil en India

Leo en Asia Times que el reciente asesinato en India de un niño de 10 años, Moin Khan, cometido por su tío y patrón, ha puesto de nuevo sobre el tapete la terrible realidad del trabajo infantil en ese país.

La ley india prohíbe el trabajo infantil, pero hay alrededor de 60 millones de niños y niñas que, día y noche, se afanan por conseguir un mísero sueldo.

Moin tenía solo siete años cuando se despidió de sus padres, en el estado de Bihar, para ir a trabajar al taller de cigarrillos que su tío Kalimullah Khan tenía en Delhi.

Kalimullah obligaba a su sobrino a trabajar en turnos de 14 largas y agotadoras horas, en un apartamento alquilado en el noroeste de Delhi, a tan solo unos pocos kilómetros del parlamento que ha legislado contra el trabajo infantil.

El 16 de abril, Moin fue golpeado por su tío con algo contundente hasta producirle la muerte. ¿Cuál fue el motivo? El niño trabajaba con excesiva lentitud.

El crimen podría no haberse descubierto de no ser porque un empleado del crematorio advirtió unos hematomas en el cuerpo de Moin y llamó, acto seguido, a la policía. Después se ha sabido que ese mismo día Kalimullah había golpeado a otros niños, aunque no tan brutalmente.

Kalimullah fue detenido el 21 de abril después de que otros dos niños que trabajan para él fueran rescatados. Uno de ellos era el hermano mayor de Moin, que es mudo. Ambos reconocieron que el acusado les golpeaba frecuentemente, tanto a ellos como a Moin. Según otros testimonios de niños que trabajaban en el taller, los castigos corporales eran algo habitual si cometían algún pequeño fallo.

“Nos ponía barras de hierro calientes en los pantalones o nos colgaba boca abajo del ventilador, incluso nos tiraba con fuerza al suelo. No se nos permitía salir ni hablar con nadie. En total, éramos cinco niños que trabajábamos en el taller y un adulto que nos controlaba constantemente”, dijo uno de los niños rescatados.

Hay miles de niños y niñas en India que trabajan en condiciones de esclavitud laboral, como las de Moin y sus compañeros. La ley, evidentemente, no se aplica, mientras los funcionarios del gobierno son sobornados por los patrones. En otras ocasiones, los niños son ocultados o enviados a sus casas el día que los inspectores llegan al taller.

Las razones por las que estos niños y niñas son empleados son claras. Son demasiado jóvenes para tener la más leve idea de cuáles son sus derechos. No protestan, ni presentan reivindicaciones. Pueden ser contratados por sueldos ridículamente bajos, a veces tan bajos como cero rupias. Los padres de estos niños son tan pobres que prefieren que trabajen, aunque sea en esas condiciones y con esos míseros sueldos, antes de que se mueran de hambre.

Así es cómo la India tiene el triste honor de ser el país con mayor población infantil laboral del mundo. Algunos obtienen jugosos beneficios fabricando galletas, cerillas y exquisitos objetos de vidrio. Son solo unos ejemplos. Muchos de ellos son exportados.

La ciudad sureña de Sivakasi y sus alrededores producen alrededor del 55 por ciento de las cerillas del país. La mitad de sus 60.000 trabajadores son niños menores de 14 años. Algunos empezaron a trabajar cuando tenían apenas cinco años, en condiciones terriblemente inhumanas. Trabajan 14 horas diarias en habitaciones sin luz natural, respirando y manipulando los peligrosos productos químicos con que se fabrican las cerillas.

A muchos les espera el mismo destino que a Moin o crecer con graves problemas de salud, generalmente sin cura para unos jóvenes tan empobrecidos.