Teoría de las necesidades humanas

Teoría de las necesidades humanas, de Len Doyal e Ian Gough (Icaria / Fuhem, 1994) no es un libro de moda. Ni lo está ahora ni lo estuvo nunca. No es un libro atractivo para los filósofos. Y estos no le han prestado atención. Esto ha sido, sin embargo, beneficioso, porque su desarrollo ha estado exento de las especulaciones típicas de los filósofos (sobre todo de los europeos). La teoría de las necesidades humanas, sin embargo, ha creado escuela y hoy son muchos los estudiosos (sobre todo británicos) que la están aplicando en investigaciones sobre los países en desarrollo, la pobreza, el desarrollo, el bienestar, el crecimiento económico, los servicios sociales y un larguísimo etcétera. Buena parte de estos estudiosos se han agrupado en torno al Wellbeing in Developing Countries Research Group, con sede en la Universidad de Bath, Gran Bretaña.



La pirámide de las necesidades humanas de Maslow.

Tras la crisis de las diferentes ideologías y políticas de la izquierda, muchos deberían prestar atención a la teoría de las necesidades humanas y a sus desarrollos, muchos de los cuales han sido incorporados en varios programas de la ONU. Esta es mi recomendación.

Pues bien, en las primeras páginas de aquel libro se dicen cosas tan sugerentes como las siguientes:

Así pues, la claridad de estos conceptos, emparentados entre sí, presupone que es posible identificar fines humanos objetivos y universales que el individuo debe alcanzar de alguna manera para poder optimizar sus oportunidades vitales; que todos los humanos tienen necesidades básicas en este sentido. De forma similar, cuando el individuo manifiesta indignación ante la injusticia, en el fondo late la creencia de que hay necesidades humanas básicas que deberían haber sido satisfechas, pero no lo han sido. Se trata de la creencia de que la satisfacción de las necesidades básicas tiene prioridad normativa sobre la de aspiraciones que den lugar a desaprobación en caso de que no se satisfagan esas necesidades. Hablando en términos generales, nos sentimos moralmente más obligados cuando no se satisfacen necesidades que consideramos básicas que cuando esto sucede con meras aspiraciones; nos preocupa más disponer de libertad de expresión que de golosinas gratis. Pero el paso del ser al deber ser no sería posible sin el concepto de necesidad humana objetiva ni la tarea moral de la que solo este parece capaz.

Lo bueno de la teoría de las necesidades humanas de Gough y Doyal es que parte de intuiciones ampliamente compartidas y, acto seguido, las desarrolla en direcciones operativas y prácticas, coherentes y fructíferas. Algo parecido han hecho Amartya Sen y Martha Nussbaum, con su enfoque de capacidades. Las diferencias entre ambos enfoques son escasas y la discusión entre ellos son siempre de gran interés.